El Papa se “moja” sobre el Islam

Nunca hasta ahora se había conocido una iniciativa sobre el Islam de tan claro compromiso, desde la jerarquía católica, como el documento dirigido por el Papa Francisco a los líderes musulmanes para que se pronuncien en términos suficientes sobre el yihadismo, cuya brutalidad terrorista desborda todo lo imaginable, como es de dominio público y general.

Cierto es y llama poderosamente la atención que todavía no ha llegado la hora en que la autoridad islámica se haya dignado levantar la voz sobre la incesante brutalidad de las nuevas floraciones del yihadismo, con su continuo avance en el desprecio a los derechos humanos.

A despecho de que en los medios informativos de más diversa orientación se informe y divulguen, una y otra vez, sucesos como las atrocidades cometidas por las huestes del Estado Islámico (EI) contra la población yazarí en el Kurdistán de Iraq, en los entornos de Mosul, en las que los hombres son ejecutados, las niñas violadas, como sus madres, y adjudicadas en propiedad a los combatientes, ninguna jerarquía islámica de cierta entidad ha alzado su voz y ha salido al paso para condenar esta nueva y suprema versión yihadista, que se retroalimenta en su barbarie dentro de una dinámica de emulación que acumula rangos de espanto y barbarie desconocidos hasta el presente, irradiándose tanto por Asia Menor como por el Continente Africano, desde la Nigeria atlántica, con las atrocidades de Boko Aram contra las escuelas cristianas, a la índica Kenya, a donde afluyen las milicias islamistas desde la vecina Somalia, con secuestros de gentes de la más diversa condición a las que eliminan por el hecho de no ser musulmanes.

Algo habrá que hacer desde el plano de los Gobiernos, especialmente de los occidentales, para que en las correspondientes escalas, ejerzan una presión suficiente sobre los respectivo dirigentes musulmanes para que se instalen en prácticas de responsabilidad de grupo entre los islámicos radicados comunitariamente en sus respectivos países, gentes cuya entidad demográfica se expande en términos relativos sustancialmente más altos que los de la nación de acogida.

La entidad del problema se hace notar más y más en determinadas naciones de Europa, como es el caso de Alemania, impulsando una compleja patología de rechazo, con ingredientes de racismo y resultantes de odio. Frente a eso se advierten, sociológicamente, indiscutibles responsabilidades por parte de imanes y toda suerte de personas influyentes dentro de ese ámbito grupal.

El toque de atención dado por el Papa Francisco a los altos exponentes del mundo islámico para que enfrenten su responsabilidad y su testimonio islámicos ante el yihadismo, comporta asimismo, en el orden político y sociológico, otra perspectiva del mismo problema que también urge considerar. Los controles morales y sociales del Islam corresponden al conjunto de sus dirigentes. Al fin y al cabo, el yihadismo es un problema del Islam que soportan mayoritariamente quienes no son musulmanes.