Túnez, contrapunto de nuevo

Si por Túnez comenzó la mal llamada “primavera árabe”- el norte de una ilusión política de que toda la cornisa norteafricana y el espacio crítico de Asia Menor pondrían proa a las libertades y la democracia, y ya vemos a qué llegó la cosa en Libia y Egipto y cómo sigue embarrancada en sangre la historia tras las puertas de Damasco, junto a las cuales San Pablo se cayó del caballo -, también por Túnez rebrota ahora otra ilusión, aunque acompañada por el lógico recelo de que sólo sea otro espejismo y otro sueño entre nuestros vecinos mediterráneos de la orilla sur.
Me quiero referir a la muy importante victoria electoral, del candidato laico Beyi Caid Essebi, con un porcentaje de votos a su favor del 55 ,68 por ciento en las urnas presidenciales del domingo, frente a sólo el 44,32 de los sufragios obtenidos por el hasta ahora titular de la presidencia de la República.

Que en las muy tensas y críticas condiciones a las que arribó el país tras de la azarosa desembocadura tunecina en la libertad política, cuando el islamismo político creyó cumplido su sueño, en tanto que sus opuestos se sentían en la involución histórica -una pesadilla frente a la que palidecía la memoria de la estulticia corrupta que barrió la ilusión del cambio -, todo ello compone las imágenes de un camino en el que finalmente se abrió paso la modernidad y la normalidad en la que soñaron los adalides de aquella “primavera democrática”.

Algo de eso, casi seguro, es el sabor que ahora paladean Beyi Caid Essebei y sus seguidores, titulares todos de una mayoría nacional heredera en muy importante medida de los sueños de Burguiba. Musulmán y devoto de la ley civil como horizonte de la política.