El petróleo por el suelo y el islamismo por doquier

¿Quién hubiera dicho al comenzar el año que en 15 días acaba esto de que el petróleo esté en caída libre y el islamismo de factura yihadista se encuentre por todas partes, incluida Australia; y en cada hora del día, por una cosa u otra? El régimen de alta combustión en el cambio del mercado de los hidrocarburos, y el sanguinario terror alumbrado por la hipnosis de la Media Luna, evolucionan a ritmo de mutación propio de un milenio nuevo; en cuyo contexto, 15 años, como en el tango de Gardel, no son nada. Porque el rango de aceleración histórica sobre el que cabalgamos impide todo reposo sobre el presente.

Vemos cosas que nos deslumbran, como el desplome del barril de petróleo, por encima de toda posibilidad de parpadeo. Nos hemos topado con una frenética combustión de la actualidad que genera residuos probablemente tóxicos, o simplemente indigestos. Desborda nuestra capacidad de metabolizar tanto volumen de cambio significado por ellos en tan corto espacio de tiempo.

En menos de veinticuatro horas, la sorprendente irrupción en Australia de un desecho ayatolá allí refugiado desde hace 18 años, secuestraba, para sorpresa del mundo, a un grupo de rehenes en un acto de catequesis islamista – con el paño negro portador del “No hay más Dios que Alá …”, que se repite por doquier en los bajorrelieves de la Alambra – y, de seguido, en la ciudad paquistaní de Peshawar, una punta de seis canallas talibanes asaltaba un colegio de hijos de militares, mataba a un centenar de ellos y a cuantos de sus profesores y personal de servicio -varias decenas – encontraban a su paso, detonando al cabo la carga explosiva que portaban adosada al cuerpo.

Y mientras cabía afanarse buscándole marco conceptual a tales cuadros de tan sectaria barbarie terrorista, por el meridiano de Caracas, el burro explosivo, que hubiera dicho Rafael Alberti y que preside los tristes destinos de la Venezuela chavista – a propósito de las desventuras que supone para el país el desplome del precio del petróleo -, reanudaba sus rebuznos “revolucionarios” contra José María Aznar, probablemente, por el hecho de que el ex presidente del Gobierno español aconsejara un día a Hugo Chávez, en una de sus visitas a España, que le convenía ajustar su brújula política por el compartido norte de las democracias occidentales, en vez de hacerlo por el polo magnético del régimen castrista de Cuba.

Y así ocurre ahora que mientras madura más y más el progreso de Venezuela hacia la configuración totalitaria del chavismo, la caída del precio del petróleo comporta la de la autonomía para el disparate político y económico en todos los socios de la OPEP. Especialmente en el caso de Venezuela, cuyos autobuses conducía mejor el supuesto Maduro que los intereses nacionales de su país, especialmente los pertenecientes a las relaciones con España. Pero al personaje le resulta ajeno el tiempo en el que estamos y los cambios que éste demanda.