Arabia impasible cuando el barril rueda hacia abajo

No hubo este jueves sorpresa en Viena pese a que el precio del crudo de petróleo, con otra caída de la cotización acumulara un descenso en la cotización del 3,9 por ciento, quedando el Brent en 74,36 dólares el barril. Arabia saudí – llevando en su estela la postura de Kuwait – ha mantenido la impasible posición de tantas veces: la de frenar dentro de la OPEP las presiones encaminadas a elevar el precio del barril. Y lo ha hecho, pese a que el impacto de la “fractura hidráulica” en las tecnologías de la extracción del petróleo haya alterado por su base el estatus quo internacional en la cotización del barril.

La solidez de la postura de Riad, una vez más, deriva de la contundente realidad de que ellos solos, los saudíes, exportan un tercio del total ventas concertadas en el seno de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo). Hecho que les permite sostener, frente a quienes como Venezuela, propusieran la reducción de la extracción del petróleo concertada en el seno del sindicato multicontinental, para que así, por la restricción de la oferta, subiera el precio del barril.

El análisis de este escenario tiene su más afilado componente en la parte política del mismo, que no estriba obviamente en la sabida consideración sobre el juego de la oferta y la demanda. Es este juego el que ha sido alterado por ese cambio radical que ha supuesto la irrupción de Estados Unidos, invirtiendo su papel en el escenario mundial del crudo: no sólo se autoabastece por la aplicación de la nueva tecnología que permite disponer del contenido en los esquistos bituminosos, sino que accede a la posibilidad de exportar sus propios excedentes.

Estados Unidos, al mismo tiempo, dispone de su especialísima relación, políticamente sintónica, con Arabia desde el tiempo mismo de la victoria aliada en la Primera Guerra Mundial y la fragmentación nacionalista del que fue el Imperio Otomano. Ahí estuvo, el emergido Imperio estadounidense: como padrino del Estado de Arabia Saudí, cuyo fundador, el rey Ibn Saud, al conquistar Riad – se cuenta – clavó con su lanza en la puerta de la ciudad, montado en su caballo, al gobernador otomano de la misma que salía a recibirle. Aquella lanza de Saud clavó también en Arabia la relación indisoluble de la emergida primera potencia mundial en su política y en su petróleo.

Reparar en tales realidades históricas permite extender el análisis desde el marco económico del mercado que pauta la OPEP para el barril de petróleo, a las consideraciones geoestratégicas sobre el alcance del desplome del precio del mismo, por su repercusión en los ingresos rusos desde la primera fuente de su economía. Si a las sanciones occidentales impuestas a Moscú por la muy grave crisis de Ucrania se añade el peso de la declinante cotización internacional del barril, se establece un escenario que no invita precisamente a la diarquía rusa, a Putin y Medvédev, a celebrar tan espectacular realidad con un trago de vodka. Por el contrario, sí abre una panorámica sobre la inversión jerárquica de las relaciones ruso-chinas. Rusia cederá su primogenitura a China para que China, como mercado de repuesto, le compre sus hidrocarburos.

El precio geoeconómico de la restauración geopolítica de lo ruso que Putin pretende frente a Occidente, puede llevarle a la subordinación geopolítica con el Oriente representado por China.