Desaire en La Habana

Está en la lógica del sistema aquel, la castrodictadura comunista cubana, que el ministro García-Margallo se haya vuelto de allí con el algo más que el desaire con que ha sido obsequiado desde el vértice del sistema aquél. Un obsequio en forma de agravio por omisión desde la jefatura del Estado, que es la manera aséptica y también omisiva de referirse al sistema cursante durante más de medio siglo sobre la espalda del pueblo cubano. Entrañable colectivo hispánico al que el castrismo engañó con la promesa total de libertad, negándosele después, totalmente, la libertad, el pan y la palabra.

Con el refinado ejercicio de las sabidas sevicias dictatoriales, se hizo entender al entorno del ministro de Asuntos Exteriores que al cabo de la agenda convenida para la visita – de apoyo, cabría decir, a los empresarios españoles instalados en la Isla, principalmente en el sector del turismo, en lo que España puede enseñar alguna cosa -, hacer la pillería de repetir lo mismo, y por idénticas razones, con nuestra experiencia nacional en la siempre compleja tarea de toda transición como la nuestra, desde una orilla carente de toda libertad política formal – por causas de todos conocidas y por muchos discutidas – a otra situación de libertades políticas plenarias, homologables con las establecidas en Occidente.

Es de sospechar que al sistema cubano no le haya gustado ni mucho ni poco la exposición del director de la política exterior española, vistas las supuestas condiciones de apertura política dentro del régimen cubano, que por ser como es se encuentra sometido al peso de unas inercias, históricas y sistémicas que entorpecen gravemente el paso hacia todo horizonte real de libertades.

Lo cual podría explicar que al cabo de lo expuesto por García-Margallo en su conferencia, no haya merecido el aprobado de Raúl Castro. Lo que lleva a entender que la gestión de la expectativa de ese encuentro, al cierre de la visita del ministro español ha Cuba no ha sido la correcta y necesaria. Instrumentar las transiciones conforme el modo con el que aquí se hizo no es cosa fácil, tal como prueba, de otro punto, la presente afloración de problemas como el presente desmadre del nacionalismo catalán y el victimismo aberrante del canario Rivero por causa de la prospección de Repsol en busca del petróleo del que carecemos.

Pero a lo que íbamos, el desliz técnico que ha llevado hasta el desaire presidencial en La Habana no deja de tener importancia en el contexto de ahora, visto el peso de los Gobiernos hispanoamericanos concernidos actualmente por el castrismo (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina …), augura algún que otro traspiés en la dinámica de las Cumbres Iberoamericanas.