Un explosivo barril de petróleo

Pocas veces como ahora el petróleo estará tan cumplidamente considerado y definido como materia prima de naturaleza estratégica. La bronca que se avecina este jueves por Viena, en la sede de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) por causa del terco descenso del precio del barril de crudo, convierten a éste poco menos que en barril de pólvora. El debate sobre las estrategias a considerar y las políticas a seguir viene determinado por la condición contradictoria de los intereses – hasta ahora inestablemente concertados – de los protagonistas del debate.

Por primera vez en mucho tiempo no se habían tensionado tanto los puntos de vista residenciados en el pacto oligopolístico constituido en la OPEP: algo así como un sindicato vertical establecido, integrado, por los concurrentes en la misma oferta de oro negro. Y el problema no reside sólo en el hecho de que siendo lo mismo todos lo que están en el aparato concertante de los precios que se regulan y pactan frente al mercado, no están sin embargo todos los que son.

Especialmente, la ausencia de significación más crítica para la OPEP es la de la Federación Rusa, cuyas reservas de oro negro son más importantes aun que la del socio más importante de este conglomerado multicontinental: el Reino de Arabia Saudí. Todo un dato capaz de condicionar la capacidad determinante de los precios del barril. Aunque no es el caso de ahora, como casi siempre, el de embridar la subida de los precios del crudo. Lo de ahora, dicho está, es lo contrario: frenar la caída poco menos que en picado de la cotización del barril.

El segundo escenario del problema de este jueves en Viena, aunque el exportador ruso no esté formalmente allí, incluido en el reparto de papeles entre los intereses que concurren, tiene en la Federación Rusa el sujeto pasivo internacional más negativamente concernido por el descenso crítico del precio del barril. Resultante esta cotización del hecho capital de que Estados Unidos, por vía del “frakin” en la explotación de los esquistos bituminosos, ya no está en el mercado internacional como cualificado importador sino como exportador de petróleo. Este cambio norteamericano, de rango estructural, no podía menos que poner boca abajo los equilibrios existentes durante muchos años y hasta hace pocos meses: una cronología que sospechosamente coincide y se solapa con las andanadas de sanciones occidentales contra Rusia por su injerencia en la soberanía y la integridad territorial de Ucrania.

Resonando en los debates de la de la OPEP en Viena a partir de este jueves, como paisaje global de fondo en los tráficos energéticos, estarán tanto los contratos ruso-chinos para los suministros energéticos de gas y petróleo – que se incrementarán sustancialmente a medio plazo – como efecto del pinzamiento de los ingresos rusos por la dicha conjunción de las sanciones económicas occidentales con el explosivo descenso del precio del barril de petróleo.