Un trino en tan desatinado desafino

Tras de la bronca que se le ha querido montar al ministro de Industria en el aeropuerto canario al que llegaba ayer, incidente quizá programado como pataleta ante la prevista noticia de que el Gobierno recurriría también otra ocurrencia que la habida en Cataluña contra las normas de consulta que corresponden a la autoridad central del Consejo de Ministros, más que reparar en la nula espontaneidad del “piquete informativo” – que al fin y al cabo es lo de menos -, lo que conviene es detenerse en dos porcentajes de la mayor consideración sobre lo que supondría para Canarias la verificación de que en aguas españolas, a 60 kilómetros del Este del Archipiélago, apareciera la esperada bolsa de petróleo. Uno de los porcentajes concierne a la magnitud del paro existente en esa Comunidad Autónoma; el otro, que la dependencia energética del conjunto nacional español rebasa el 70 por ciento del conjunto total de nuestras necesidades.

¿De qué genero de daños y perjuicios se puede hablar por parte de Paulino Rivero presidente de la Comunidad Canaria, cuando las tecnologías de que se dispone para la ejecución del ya comenzado proceso de verificación de si los indicios de partida se resuelven en términos de suficiencia y lo encontrado, por la magnitud de la bolsa, permite inyectar en la economía de esa región española – recursos a volcar sobre el conjunto de la misma y de la entera nación española-? Y, junto a ello, contraponiéndose a lo mismo, qué género de riesgos se podrían derivar para la industria turística canaria de la explotación de un yacimiento petrolífero situado a tan suficiente distancia de Canarias y tan cumplida proximidad de las aguas marroquíes, cuyas autoridades nacionales, en un ejercicio de lógica congruencia con sus propio intereses, nunca se opondrían, sino todo lo contrario, a suscribir los exquisitos y oscuros planteamientos ecologistas del señor Rivero.

De otro punto, y en convergente distonía autonómica con la presente circunstancia española, tras de la punible fantasmada del secesionismo en Cataluña con las urnas del 9-N; y también en concordancia con lo que un compañero de Facultad en la Universidad de Valencia, medio siglo atrás, llamaba el “mimetismo de los epígonos”, este personaje de folía, al que su partido ha tenido a bien colocar en la puerta de atrás para la candidatura de Coalición Canaria en las elecciones autonómicas por venir, no ha tenido empacho en quejarse de maltrato colonial… Todo un trino de desatinado desafino.