EI: “creciente fértil” del terrorismo islámico

Que el autodenominado Estado Islámico (EI) es la última levadura nueva del terrorismo brotado en la levadura musulmana, es algo de casi todos sabido. Pero somos menos los que conocíamos que las aportaciones exteriores de combatientes a la causa de los degolladores en nombre del Profeta llegan del mundo occidental, especialmente de Francia. Los términos de estas afluencias a la penúltima barbarie terrorista van siendo conocidos por los datos que aportan los servicios de seguridad de nuestros vecinos transpirenaicos, y también desde los partidos. No digo que sea para echarse a temblar, pero casi…

Oficialmente, conforme el Gobierno francés, el número de voluntarios franceses partícipes en las degollinas está en el rango del millar, pasando todos previamente por la mayoritaria apostasía de la cultura cristiana en que se criaron. Pero desde la oposición de la derecha francesa más dura, la de los lepenianos, el caudal franco-islámico es cuatro veces mayor que el referido desde el gobierno del Estado. Cuatro mil franceses instalados en el Oriente Próximo como tropa del Estado Islámico es cosa merecedora de la mayor atención de las autoridades vecinas. También en las propias.

Tanto más cuanto que esa novísima legión extranjera, establecida en Siria y en Iraq primordialmente, ha pasado de aplicarse al combate resuelto en degollina de los prisioneros (normalmente soldados sirios e iraquíes, aparte de combatientes del estatalmente fraccionado Kurdistán) han pasado a la guerra propagandística por medio de los muy concurridos foros en las redes sociales, desde donde convocan a los musulmanes radicados en Francia para que se incorporen a la lucha terrorista dentro del escenario metropolitano. Todo ello, conforme argumentan, en respuesta a la participación francesa, con su aviación, en la alianza internacional actuante en Oriente Próximo y Medio contra el “califato”.

Como cabe advertir, conforme se dispone de más información sobre las implicaciones exteriores y sobre el desarrollo expansivo del guión terrorista del Estado Islámico (EI), este proceso rivaliza en sustantividad con las otras líneas yihadistas que operan actualmente, incluida Al Qaeda entre ellas, y, de muy concreta manera, introduce un reto nuevo a las estrategias de seguridad en el mundo occidental. Lo cual quiere decir, más allá de la curiosidad de los públicos, que el terrorismo islámico demanda una revisión urgente de los mecanismos de previsión y defensa en el mundo enrolado en la alianza internacional contra esta metástasis islamista del EI, surgida del cáncer político de Siria y del conjunto de errores políticos derivados del descabalamiento del régimen, nacionalista y laico, que imperaba en el Iraq de Sadam Hussein.

Lo que ahora propone para Francia esa legión de franceses que se bajaron al moro viajando al Oriente Próximo, está en línea con lo que se hizo en España el 11 de Marzo de 2004, aunque entonces no fueron españoles que se bajaron al moro, sino moros del Magreb que se subieron hasta aquí por los peldaños de nuestro terrorismo doméstico. La Historia, como advierten los historiadores, no se repite simplemente: se reitera cambiando en sus niveles de complejidad.