Infectados del ébola yihadista

La visita sorpresa efectuada a Bagdad por el general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército de Estados Unidos, para una inmersión informativa sobre la evolución de la campaña contra el Estado Islámico (EI), al cabo de los centenares de bombardeos realizados por la alianza internacional sobre la última brotación el yihadismo en Iraq y Siria, ha dado pie a la exposición analítica ante los medios de quien ostenta el mando militar supremo en el Ejército norteamericano; una exposición centrada en el análisis de tres capacidades fundamentales de esta militarizada organización del terrorismo islámico: la capacidad de maniobrar, la capacidad de planificar y la capacidad de reabastecimiento.

Las dos primeras capacidades, la de maniobra y la de planificación, cabe entenderlas como las más afectadas por los bombardeos realizados con aviones y mediante los lanzamientos de misiles desde la Quinta Flota norteamericana establecida en el área del Océano Índico, concretamente desde la cuenca del Golfo Pérsico. La primera y la tercera de ellas corresponden y se resumen, como se entiende, en la categoría más amplia de la capacidad logística. Operando sobre ésta se alcanzaron resultados tan relevantes como la destrucción del convoy automovilístico en el que viajaba la plana mayor del EI, con la muerte de los más de sus componentes, exceptuada de ellos la de su jefe supremo, el Califa Al Bagdadi, del que se dijo que había sucumbido también.

Otras capacidades del artefacto terrorista fueron consideradas también por esa misma autoridad militar estadounidense, bien que en términos concretos no difundidos por los medios informativos convocados. Aunque ello no obsta para que quepa inferir otra capacidad, potencial y de base, derivada del margen de infección ideológica derivada del impacto de lo islámico en el mundo occidental, especialmente en Europa.

Resulta de esto el dato de que en torno a un millar de ciudadanos franceses han viajado, vía Turquía principalmente, a Iraq y Siria, para combatir enrolados con grupos islamistas; de ellos, unos 200 se encuentran de vuelta en su país de origen. Contagiados por el mismo virus ideológico de criminalidad político-religiosa figuran también europeos británicos. Y tanto entre los de uno y otro pasaporte, se encuentran las identificaciones de quienes han participado en el degollamiento de rehenes occidentales (europeos y norteamericanos) secuestrados por el EI, tanto en Siria como en Iraq. El último de los copartícipes en los degollamientos ha sido un joven de Normandía, Maxime “Al Fransi” (el Francés), católico convertido al Islam en Mauritania y cumplidamente fanatizado en sus estancias sirio-iraquíes.

Que los murciélagos africanos portadores del virus del Ébola aunque inmunes a éste son dato que define su condición de reservorio, y explica que sean el peldaño que el virus necesita para expandirse mediante el contacto, directo o indirecto, con otros mamíferos, así las comunidades musulmanas en el mundo occidental y el propio Islam en el que se reconocen como forma de vida, operan también como reservorios del virus yihadista: resultante de una mutación genética de la cultura musulmana.

Considerada así esa “capacidad de rebrotación” del yihadismo, como probabilidad estadísticamente yacente en la cultura o forma de vida propia de las comunidades musulmanas asentadas en Occidente, se entiende cómo el general Dempsey se haya mostrado, en sus manifestaciones de Bagdad sobre la marcha de los bombardeos por parte de la Alianza, muy limitadamente satisfecho de los resultados conseguidos hasta ahora.

Otra cosa sobre el particular de la lucha contra el EI es la cuestión de hasta dónde será soslayable, para la Alianza Interncional, el poner pie a tierra en la campaña con el envío a Iraq de grupos militares de élite como refuerzos puntuales – al Ejército de Bagdad- para que cierre la presente fase de la campaña contra el Ébola religioso-terrorista del Estado Islámico.