La oferta de Obama a Putin

Antes de que Barack Obama, presidente de Estado Unidos, en el curso de una conferencia de Prensa tras la clausura de la Cumbre del G-20 celebrada en la ciudad australiana de Brisbane, declarara a propósito de Ucrania, que “Rusia tiene la oportunidad de tomar otro rumbo, pues si lo hace yo sería el primero en apoyar el levantamiento de las sanciones”. Previamente, Dimitri Medvedev, el turnante Primer Ministro del Gobierno ruso, había abogado por la conveniencia de que los aliados occidentales retiraran tales medidas de retorsión ante la anexión de Crimea, seguida de la injerencia armada de Moscú en el Este de Ucrania.

Y antes de que el Foro del G-20 acogiera favorablemente la postura de los Gobiernos occidentales allí representados, de apoyo a la integridad territorial de Ucrania, fue muy perceptible – tras dicha manifestación del otro componente de la diarquía imperante en Moscú – el hecho de que las cosas han cambiado de raíz tras de la sustancial inflexión a la baja del precio del crudo. Este proceso, de tan obvia trascendencia para la economía de la Federación Rusa, que es el primer exportador de crudo en el mundo, alteraba también de forma radical el impacto de las dichas sanciones económicas occidentales en las arcas del Estado. Una situación que se ha traducido en la enorme fuga de capitales y en el desplome cambiario el rublo. Ha sido el mercado mundial del petróleo lo que ha llevado a que las sanciones aplicadas en respuesta a la ejecutoria putiniana en Ucrania vieran recrecidas objetivamente sus consecuencias. El impacto de las mismas se resuelve en efectos demoledores. En significación crítica.

Interesante es reparar, asimismo, en que el sostenido descenso del precio del barril de petróleo, tiene mucho que ver con el hecho de que la política energética alentada por la Administración de Washington ha llevado a que Estados Unidos haya pasado, por vía del “cracking”, a ser autosuficiente en este tan estratégico capítulo de la energía. La desaparición de tan significativo ingrediente norteamericano en la demanda global de crudo de petróleo – con un mensaje al paso a la realidad petrolera de Venezuela (sin recursos bastantes para comprar el crudo ligero que precisa para mezclar con el muy pesado petróleo de la cuenca del Orinoco)- no podía menos que afectar, tal como lo está haciendo, al precio internacional del barril.

Ha sido todo ello un factor transversal de primerísima magnitud e importancia que ha descabalado las cuentas, el peso de los costes generales, de la política llevada a cabo por Putin, con Ucrania, en la secuencia de su discurso hipernacionalista. Por tal razón se entiende el enorme cabreo que le ha producido la derivada política imperante en las dos jornadas australianas del G-20 – en principio para el debate formalmente económico -, al punto que fuera el primero de los asistentes en hacer las maletas de regreso a Moscú.

Resulta curioso a este respecto de las condicionantes económicas para toda política, que esta de la diarquía Putin-Medvedev – empeñada en la territorial restauración nacionalista del que fue Imperio Soviético-, han sido olvidadas tanto o más que por la propia URSS con todo su golpe de marxismo en la interpretación de la Política y de la Historia, teniendo lo económico no sólo como condicionante sino como determinante de una y otra.

Mirando desde esta perspectiva el recrecido peso de las sanciones económicas occidentales a Rusia por el conflicto geopolítico de Ucrania, la caída del precio internacional del crudo ha sido como la puntilla en la cerviz del oso. Obama no habló en Brisbane a Putin a humo de pajas cuando le ofreció reconsiderar las sanciones económicas, si éste reconsideraba sus consumadas decisiones a la integridad nacional de Ucrania.