Maduro se tapa con la música de “Podemos”

Con la desmesura que es propia de su páramo mental y de la vacuidad de su discurso político, Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela – que lleva su incompetencia gestora a niveles de catástrofe nacional que incluyen desde la hiperinflación al disparo de la inseguridad ciudadana y a la coacción sistémica sobre los medios informativos privados, así como, resultante obligada, a la desaparición de las clases medias y la pauperización extrema de los más desfavorecidos -, el tal Maduro ha incurrido, desde la pedantería moral de la izquierda, en la ocurrencia política de agavillar, como discurso propio, la entera retahila de la protesta social en España contra las reformas del Gobierno de Mariano Rajoy movilizada por los sindicatos y partidos de izquierda, especialmente con la orquestación musical de “Podemos”, cuyo pentagrama ideológico financiaron los aparentemente inacabables dineros del régimen chavista.

La cosa tiene su explicación, más por motivo de las supuestas relaciones político-económicas habidas hasta tiempo reciente entre el régimen chavista y esa última brotación radical en el costado izquierdo de la fronda política nacional. Fenómeno político engendrado en las condiciones de malestar social y político creadas con la gestión de Rodríguez Zapatero, que fue cimiento y paramento de las brutales carencias españolas todavía en curso menguante. Con ellas trafican amigos y devotos del régimen del muy verde señor Maduro: heredero universal de los disparates del difunto Hugo Chávez.

Pero lo más curioso del atronador arrebato de quien ahora manda en Venezuela ha sido el hecho causal del mismo: haber recibido Mariano Rajoy a la esposa de un opositor al chavismo, detenido el 18 de febrero pasado – por el Gobierno venezolano, bajo la acusación de promover y alentar las manifestaciones de protesta social, principalmente en Caracas, en cuya represión se han producido tanto como 43 muertes, y muchos más heridos y detenidos, cuya responsabilidad imputa el presidente venezolano al encarcelado.

Que ordene revisar “todas las relaciones de Venezuela con España” es mucho ordenar porque “todas” es demasiado, porque decirlo cuando el balance económico con España sea uno de los pocos que se podrían salvar frente al catastrófico promedio del que resulta la amplitud el naufragio económico derivado de su insolvente presidencia para lo económico igual que para lo político. Naufragio que no ha podido evitar la proximidad de veteranos gestores del chavismo, como Rafael Raimirez, tantos años en la gestión del más importante activo económico del país, alguno siempre con el gobierno del petróleo, y ahora en una vicepresidencia y en la conducción de la política exterior venezolana. Ni por esas. No era ni es, antes y ahora, la aplicación de un tutor pegado a su vera lo que Maduro necesitaba para estarlo de verdad.

Acusar a Rajoy de apoyar a los “grupos de ultraderecha” que practican la violencia en el país, partiendo del caso Leopoldo López, es tanto como cargar al actual Gobierno español la responsabilidad de los ingentes dislates económicos y políticos que han llevado Venezuela a la ruina, desde la última etapa de Hugo Chávez a la presente fase del chavismo que protagoniza el ex conductor de autobuses siempre dispuesto a estrellarse contra todo género de realidades relevantes para la prosperidad y la libertad del pueblo venezolano. La salida buscada al presente embrollo ha sido taparse con la copla de los argumentos de “Podemos” por denunciar algo que todo el mundo sabe.