Pekín entreabre en Hong Kong

Nadie podría haber imaginado nunca, desde una perspectiva apoyada en la dictadura comunista china, que las autoridades hongkonesas – elegidas en la excolonia británica de entre las candidaturas nominadas por un comité designado por Pekín – se sometieran a debate televisado en directo con una representación de los miles y miles de manifestantes que llevan varias semanas instalados en espacios neurálgicos del centro de la ciudad, dentro de una dinámica que remeda las movilizaciones norteafricanas de la “primavera árabe”.

Su demanda de un cambio político hacia la democracia plena, no sólo con libertad de voto, de elegir, sino también con libertad de candidaturas; es decir, la de ser elegido, fue el centro y la oportunidad del debate. Toda una novísima singularidad en el universo político e ideológico de la ya segunda potencia económica mundial. Una novedad no sólo en el ámbito hongkonés, donde el debate fue televisado para la calle, difundido por vía de pantallas gigantes, sino que tuvo también su eco en el Continente, bien que filtrado y censurado en aquellos de sus tramos políticamente más conflictivos.

Habida cuenta que la demanda social hongkonesa, nucleada por estudiantes, guarda más puntos en común que diferencias con aquella otra que el año de 1989 desembocó, como respuesta del régimen comunista chino, en la represión brutal de Tiananmen, esto en que ha venido desembocar la demanda social en Hong Kong, no sólo con el debate abierto entre los representantes de la calle – que todavía mantienen ocupada – y los del Gobierno autónomo hongkonés, sino también con el ofrecimiento por parte de éstos de que los encuentros continúen, e incluso su disposición de considerar revisiones del modo de operar por parte del Comité Elector que nombra el Gobierno de Pekín para designar los candidatos que concurren a las elecciones.

Se trata de un cambio muy limitado en el aparato de control político que el régimen comunista chino utiliza para administrar la fórmula híbrida convenida en su día para la descolonización de Hong Kong; un cambio limitado pero cualitativo. Algo que comparado – al menos en el reflejo continental del debate – con lo que sucedió en la China de Tiannamen, tiene calidades de giro copernicano. Podría ello significar que la fórmula acordada con la descolonización de esa plaza, eso de los dos sistemas políticos en la misma nación, estaría generando un “efecto ganzúa” sobre la cerrazón de la hermética dictadura comunista de Pekín.

La hipótesis se habría de acompañar de la pregunta de por qué China habría virado tanto, en un cuarto de siglo, desde el énfasis sangriento de Tiannamen. Pensemos que la China de ahora, con su presencia en África (donde “aterrizó” con Chu en Lai) y en Iberoamérica- donde tiene “comprada” Venezuela – viene obligada a un cambio de credenciales en moral política.