Hong Kong, ¿De colonia a ciudad estado?

Parecen aunque del todo no lo sean, vías de agua en la gran estructura política y económica de China. Casi de modo simultáneo, en el aproximado compás de unas pocas horas, los nenúfares del Gran Estanque, por Xingiang y por Hong Kong, han pasado de la calma totalitaria de la colmena capitalista a los 50 muertos de la represión policial del islamismo de combate, y de la pacífica transición postcolonial a la aceleración de las exigencias callejeras para que acabe de una vez el sistema de candidaturas filtradas por Pekín cuando se convocan elecciones libres en el emporio hongkonés.

De los miles de manifestantes acumulados en el centro de la ciudad, dinamizados por las huestes estudiantiles – primero aceptados en calma por las autoridades locales y luego reprimidos con gas mostaza – se ha pasado a la ocupación estable de los espacios públicos del centro urbano, y desde ello a las movilizaciones solidarias de la gente con los acampados, aportándoles recursos para tan episódica y sostenida resistencia, que día a día hace que el escenario se convierta, a lo cairota, en una nueva Plaza Tahir, como en los primeros compases de la Primavera Árabe, cuando la ola llegó desde Túnez hasta las mismas aguas del Nilo.

A ello han seguido las huelgas estudiantiles, primero en los centros universitarios y después en la enseñanza media, orquestada la protesta con la cadena de sentadas en la vía pública, con lo que las protestas pasan a remedar otras coreografías de los movimientos democráticos por el Occidente norteafricano y por el europeo. La globalización no es una broma.

La piedra angular de las demandas hongkonesas es la demanda de que la elección del Gobierno de la ciudad para el 2017 se rija por el principio de concurrencia libre de candidatos, tal y conforme los criterios según los cuales el Reino Unido entregó la colonia aquélla a las autoridades de Pekín. En cualquier caso, más allá de la apertura política en la ex colonia británica, los cambios que afectan al que fue el Imperio del Centro son ya algo más que el anticipo del tiempo que viene como resultado de las dinámicas creadas por la convergente maduración de un capitalismo en el que, sustancialmente, se hibridan y entrecruzan el totalitarismo político y una economía de mercado abierta a los grandes tráficos económicos internacionales.

Asimismo, no puede menos que llamar la atención la panorámica que se abre sobre lo enormemente problemático que resulta el empeño de los gobernantes de Pekín de hacer compatible la unidad de poder – desde el Tibet a Hong Kong – con la ingente diversidad de contenidos étnicos y culturales englobados en el que fue y sigue siendo el Imperio del Centro. Pero Hong Kong, en todo caso, puede que evolucione, visto lo que está pasando, hacia una condición organizativa correspondiente a lo que llegó a ser, en sus diversas variantes, toda Ciudad Estado. Aunque intervenida en alguna forma y federada con un Pekín a la que espera, por lo que se ve, su propio turno islamista de la mano de los iugures.