No sólo “lobos solitarios”

Una vez iniciada la cadena internacional de operaciones aéreas de castigo contra el Estado Islámico – ahora con mayor profundidad y contundencia en Siria, para reanudar posiblemente de inmediato los bombardeos sobre el Iraq infectado por el EI -, da comienzo la expresión, por parte de los aliados, de sus propias percepciones sobre los costes formulados como riesgos nacionales inherentes a la represión militar del yihadismo extremo, tanto de la vertiente “califal”, brotada de la fermentación religiosa de los residuos nacionalistas del sadamismo destruídodestruido por Estados Unidos, como de la veta yihadista de Al Qaeda, apenas gobernada ahora, tras de la eliminación norteamericana de Osama Ben Laden, por su lugarteniente el médico egipcio Anwar al Sawahiri.

Los servicios norteamericanos de seguridad, tanto en su vertiente civil como en la estrictamente militar, concretan su alerta ante el riesgo de lo que tipifican como “lobos solitarios”; es decir, individuos capaces de emprender acciones individuales, sin organización de grupo y sin antecedente alguno que pudiera contribuir a su detección policial. Respondería esta tipología a la de los individuos que atentaron contra las Torres Gemelas de Nueva York mucho antes de la gran operación terrorista del 11 de Septiembre de 2001 sobre Nueva York y Washington. Pero en esta circunstancia de ahora mismo la alerta doméstica en Estados Unidos se centra puntualmente en la detección, por parte del FBI, de yihadistas norteamericanos que han regresado a su país luego de haber participado en Siria e Iraq durante la actual campaña. El espectro de riesgo islamista doméstico no se circunscribe tampoco a estos combatientes del Estado Islámico que vuelven a su país de sus campañas en Oriente Próximo: se extiende a componentes de la difusa comunidad musulmana en América radicada, lo que significa un dato demográfico que va más allá de los árabes, es decir, incluyendo indostánicos y caucásicos, como los hermanos que recientemente atentaron contra la maratón de Boston. Tales “lobos solitarios” contra los que se alerta a los servicios de seguridad en Estados Unidos pertenecen a muy diversas camadas étcnico-culturales.

Ese riesgo, sin embargo, por probabilidad estadística ,estadística, es sustancialmente mayor en Europa, tanto por razones de proximidad geográfica al mundo árabe en el caso de Francia, como, en el caso británico, por efecto de su propia historia colonial, en el caso del mundo árabe como en el del mundo indostánico. En todas y cada una de estas situaciones nacionales existe la correspondiente cuota de riesgo como infectables todas por virus yihadista. Valls, el primer ministro del Gobierno de París, afirmaba al hilo de la primera oleada de ataques al Estado Islámico en sus bases de Siria que “está en juego la seguridad de Francia”.

Tiene toda su razón de ser que los aliados occidentales de primera línea en la coalición internacional que combate al EI estén todos, en fila de a uno, tentándose la ropa. Tenemos los españoles más motivos que nadie para entender el síndrome de riesgo en que se encuadra su estado de ánimo. Por haber ido a la Guerra de Irak sin pegar un sólo tiro nos montaron el 11-M. Hay más que únicamente lobos solitarios dispuestos a montar una matanza por Alá.