Deriva totalitaria del putinismo

La multitudinaria manifestación en Moscú contra la injerencia político-militar, la integridad territorial y la soberanía de Ucrania – a despecho de la fragmentaria tregua establecida en el Sureste del país -, marca algo más que sólo un punto de inflexión en el decurso de las graves circunstancias creadas por todo ello en el oriente de Europa. Y lo hace no sólo por el porte de la protesta contra el proceder de Putin – en el que se incluye el precedente de la guerra de Georgia durante el verano de 2008 – sino por el género de reacciones habido por parte de las autoridades rusas, aplicadas en este caso frente a la disidencia pública, entre las que se ha incluido, además de la censura de las pancartas que portaban los manifestantes, la tolerancia y quizá inducción de otras protestas opuestas dentro el mismo espacio moscovita realizadas por el partido de los nacional-bolcheviques: facción política que recientemente había expresado su solidaridad con la relanzada estrategia internacional de Vladimir Putin. Que rebasa de largo la tónica soviética de los tiempos de la Guerra Fría en la Europa del Este.

El patente retorno de la doctrina brezneviana de la “soberanía limitada”, acuñada en agosto d 1968 con el envío de los carros de combate contra Checoslovaquia para barrer las expresiones generales de apertura política generadas por Dubcek – que de modo expreso habían oficiado como respuesta al clima revolucionario del mayo francés de ese mismo año; el acelerado giro putiniano contra el estatu quo internacional en que había cristalizado el postsovietismo, se abre más y más – como demuestran las actuales protestas en Moscú – a un género de cambio radical en la política de este Kremlin, susceptible de ser entendido como parte expresa del error señalado por Mijail Jodorkovski, el ex magnate del petróleo ruso, recién indultado por Putin al cabo de diez años de prisión y luego de ser desposeído de la propiedad de la petrolera Yukos bajo la acusación de graves responsabilidades fiscales.

El ex “oligarca” ruso, en una muy interesante entrevista hecha con la corresponsal de El País en Moscú, el pasado fin de semana, no sólo advertía de los riesgos de un error crítico por parte del presidente de la Federación Rusa capaz, de costarle el poder, sino que señalaba la desatada opacidad política en la Rusia actual en comparación con China, dónde existe un principio de alternancia efectiva en el poder… Algo que viene siendo burlado sistemáticamente en la llamada Tercera Roma, al turnarse una y otra vez Putin y Medvédev en la Jefatura del Estado y en la del Gobierno dentro de cada una de las legislaturas.

Sólo faltaba como rúbrica a la deriva totalitaria putiniana esa sobrevenida solidaridad que le ha llegado a la diarquía gobernante desde los nacionalistas bolcheviques. ¿O es que los bolcheviques no fueron siempre nacionalistas desde Stalin?