Primera derrota militar del Estado Islámico

No podía ser de otra manera. La intervención euro-americana -más americana de momento que europea– ha cambiado en Irak el signo de la yihadista campaña de los califales suníes. Los peshmerga del Gobierno autónomo del Kurdistán iraquí recuperaban ayer la totalidad del espacio que afecta a la gran presa de Mosul, situada en las proximidades de la que es capital de la milenaria Nínive. Y lo hacían luego de que en sucesivas intervenciones aéreas, desde portaviones en el Pérsico, destruyeran el soporte logístico de la tropa califal.

Tan importante o más que el valor de ese recuperado territorio -pues la presa en tales manos suponía, por sus dimensiones colosales, una amenaza incuestionable para la seguridad del territorio nacional iraquí- es el significado político-militar del suceso. Militar, por lo dicho y por lo que supone la inversión en el equilibrio de fuerzas. Y político, por cuanto significa el cambio habido en el Gobierno de Bagdad, pues la renuncia de Nuri al Maliki ha permitido ampliar su base en términos que pueden considerarse nacionales.

Pero el nuevo primer ministro, Haider al Abadi, un día antes de que el apoyo aéreo norteamericano se tradujera por el norte en la recuperación de dos ciudades por parte de los “Peshmergas” y en el rescate de la gran presa sobre el curso del río Tigris, se había descolgado con un sonado golpe de patín, al formular una queja en el sentido de que el Gobierno no había tenido el preceptivo conocimiento previo de las operaciones de castigo aéreo, ya que las mismas implicaban el uso del cielo iraquí, afectado por la soberanía nacional propia…

Afortunadamente todo ha sido una tormenta en un vaso de agua. En Irak a estas horas puede hablarse de la existencia de un consenso nacional del que se carecía en los tiempos de Nuri al Maliki. Como expresión más que suficiente de este logro, alcanzado en buena parte por el aliento del Departamento de Estado, tanto Ali Hatem Suleiman, notable entre los notables de sunismo iraquí, como el Gran ayatolá Alí al Sistani, se han adelantado a expresar su apoyo el nuevo Gobierno de Bagdad.

La recuperación del consenso nacional representa ya nítidamente que la normalización política es de igual o mayor importancia que la ayuda militar estadounidense y que el peso de las armas que desde la Unión Europea se ha decidido enviar a Irak para combatir al terrorismo con ínfulas de Estado, al que apenas combatía un Ejército sin norte nacional y sin base política. Condiciones éstas tan necesarias para la viabilidad de todo Estado como para posibilitar el establecimiento de una democracia, pues muy claro está que sin Estados viables no hay democracias posibles.

Cabe afirmar a estas horas que la derrota de los califales del EI condena a éstos a la disgregada condición de una taifa yihadista más.