Guerras por el Estado en Palestina y Libia

Son dos escenarios al límite tanto en Gaza como por Trípoli, con disputas por el Estado. En Palestina, donde Israel enfrenta un choque simultáneo con el yihadismo y con el nacionalismo palestino. Y donde fue el Estado libio, por los entornos del capitalino aeropuerto de Trípoli, la guerra a tres entre el nacionalismo residual, el yihadismo y el tribalismo de los beduinos. Por un escenario y por el otro se representa el sangriento drama del colapso de los Estados surgidos del proceso de la descolonización impulsado conjuntamente, durante la Guerra Fría por Estados Unidos y por la Unión Soviética.

Los equilibrios regionales rotos durante la Primera Guerra Mundial con la desaparición del Imperio Austrohúngaro y el Imperio Otomano, volvieron a cristalizar, al cabo de la Segunda Guerra Mundial, en la eclosión de Estados Nacionales por Asia Menor, África y Asia El nacionalismo se motorizó ideológicamente en apuestas revolucionarias y contrarrevolucionarias, que en el concreto espacio del Oriente Medio, Oriente Próximo y el Levante norteafricano pasan por una doble fase: la del choque de las orientaciones entre quienes se guían por Estados Unidos y quienes lo hacen por la Unión Soviética.

En el mundo afroasiático, tal dialéctica política, lejos de afectar al vigor y la estabilidad de los Estados, les dio estabilidad y vigor. Propició las prácticas y discursos autoritarios. Incluso hizo aflorar una suerte de fascismos tercermundistas. Pero la localización preferente de los recursos petrolíferos en ámbitos musulmanes del Oriente Medio significados por su identificación con el mensaje islámico, sumada a vinculaciones suyas con el radicalismo de ciertas de sus corrientes determinaron, al calor de disponibilidades económicas de difícil parangón y de agravios de muy variado orden, la rebelión de los sentimientos islámicos contra el peso de los Estados occidentales y los propios en que ha cristalizado el orden internacional en este arranque del Siglo XXI.

La destrucción militar del régimen autoritario de Iraq, resuelta prácticamente en la desaparición del Estado y en el establecimiento gradual de estructuras teocráticas, tiene su eco en el ocaso del Estado libio, tras la debelación del régimen del coronel Gadafi, y en el aliento de los yihadismos que combaten al Estado sirio encarnado en el régimen de los Asad. Ello, a su vez alienta la esperanza y la fe ciega del islamismo que desde Hamás y Ezbolá, por Gaza y desde el sur libanés, intenta llevar a Israel contra las cuerdas en términos de imagen internacional, forzándole a una guerra asimétrica: generadora de ruinosos daños morales sin cuento, por la catástrofe humanitaria a que le aboca entre la martirizada población palestina.

Era casi imposible imaginar que la conversión en Estado de la Autoridad Nacional Palestina fuera a llegar – si es que un día lo hace – por caminos de tanto dolor, sangre, muertes y lágrimas. El asesinato de Isaac Rabin, a manos no se sabe si de un loco, fue la causa primordial de esta tragedia de Gaza que no cesa.