Tormenta económica por causa política sobre Putin

Anticipándose a la nueva andanada de sanciones económicas de la Unión Europea sobre la Federación Rusa, por sus responsabilidades político-militares en la presente crisis de Ucrania, la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya, ha condenado al Estado ruso al pago de 50.000 millones de Euros por la expropiación en 2003 del 70 por ciento de las acciones de Yukos, la petrolera de Mijail Jodorkovski, creada por éste en 1995, al aire de la privatización de los recursos estatales de la Unión Soviética, tras la caída de ésta y desde la proximidad técnico-política al debelador de la misma, el presidente Yeltsin. Jodorkovski y los otros seis “oligarcas” fueron tanto como el grupo de jóvenes tecnócratas integrantes del “estado mayor” que le organizó el poder al iniciador del post-sovietismo. Un equipo generacional que llegó al puesto adecuado en el momento histórico oportuno. Cumplieron su papel y recibieron el premio proporcional a lo excepcional de aquella coyuntura histórica.

A esa misma generación pertenecía Vladimir Putin, aunque éste llevaba en su almario otros designios, que acabaron siendo de colisión… El de Putin no era otro que el del poder político. Sus órbitas – la de Putin y la de los “oligarcas” – eran órbitas de colisión. Jodorkovsky pasó de despachar en el Kremlin con el presidente Putin a ser detenido por Siberia en una escala aérea, acusado de fraude fiscal, procesado y condenado a prisión. Dónde pasó diez años de la que era su vida rutilante y donde estuvo a punto de perderla por agresión de su compañero de celda.

Como quiera que se las veía venir antes de que se le torciera el viento de la fortuna cedió a su socio Leonid Nevlin el paquete mayoritario de las acciones de Menatep (la sociedad tenedora del 70 por ciento de las acciones de la petrolera Yukos). Nevlin escapó de Rusia para refugiarse en Israel. Y desde allí recurrió contra la confiscación a la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya, cuyo fallo al cabo de nueve años ha venido a anticiparse en los términos dichos al del Tribunal Europeo de Estrasburgo sobre el recurso de los demás accionistas de Menatep, que representan el 30 por ciento del capital restante.

Más allá de la moraleja antiputiniana contenida en estos veredictos internacionales que habrán de resaltar en su conjunto el componente de seguridad jurídica que el orden internacional es capaz de aportar a través de sus instituciones, para todos los rangos de expresión de los derechos humanos, resalta la coincidencia de estos desenlaces en que se viene a resolver el escándalo totalitario de la expropiación de Yukos por la diarquía putiniana con la nueva andanada de sanciones de estas próxima horas como añadida sanción de la UE por la recrecida intervención del régimen putiniano en el conflicto de Ucrania.

Una guerra que era civil entre dos territorios del mismo Estado y que ahora, en la práctica y por el grado de participación rusa, por aportación de territorio y suministro de armas de gran formato (como las que derribaron el avión malasio), se convierte de hecho en una guerra internacional por colisión entre dos Estados.

No quiere decir todo lo cual que vayan a quedar siempre las consecuencias del putinismo contra el derecho privado y contra el derecho de gentes en desenlaces jurídicos y sanciones económicas. Convendría que la jarca del KGB dejara el pasado en paz con sus “catástrofes geopolíticas” para que no se vengan éstas al presente o al futuro.