Estado internacional de psicosis aérea

No ha sido para menos. La coincidencia en el tiempo más próximo del derribo sobre el Sudeste de Ucrania de un vuelo de “Malaysia” con resultado de 298 muertes – por ideación rusa o filorrusa – mediante el empleo de la lanzamisiles Buk SA-M, y la desaparición en un espacio saheliano de crítica conflictividad terrorista, al norte de Mali, de un avión MD83 de la Compañía española Swiftair con tripulación propia, arrendado a las Líneas Aéreas de Argelia y con un centenar de pasajeros, hacía que este jueves imperase la dramática presunción de que el aparato hubiera sido también derribado por fuerzas irregulares, pertenecientes a efectivos de Al Qaeda o a grupos independentistas tuaregs.

La información de que en la zona donde se había perdido contacto en tierra con el vuelo y el posteriormente avistamiento de restos del avión en parajes difícilmente accesibles, venían a descartar la hipótesis de una acción terrorista como causa de la caída del aparato en el que – a las horas en que redacto esta nota – habría perdido la vida el pasaje y los seis tripulantes españoles, que viajaban de la capital de Burkina Faso a la de Argelia.

Junto a la relevancia estadística de que en tan poco espacio temporal hayan sobrevenido estos dos sucesos en el transporte aéreo de personas, al igual que, en el pasado abril la desaparición de otro aparato de la línea malaya, estas circuntantancias no han podido menos que desembocar en una auténtica psicosis internacional, expresada en términos de recelo, desconfianza y compartida percepción de que un cambio importante y negativo ha sobrevenido contra la normalidad y la seguridad que eran propias hasta tiempo bien reciente del tráfico aéreo internacional.

Al común de la opinión, al que resulta inusual admitir como “normal” el devenir estocástico, caótico, de las leyes estadísticas de la probabilidad, sólo le faltaba eso que ha sido la irrupción rusa – dolosa o culposa – en el sagrado fuero del inviolable respeto militar a la aviación civil, especialmente cuando se trata del transporte de personas. Tan grave es el asunto que cada vez que se ha producido de un incidente de tal naturaleza, como el atentado terrorista libio en el cielo de Gran Bretaña, y no digamos los islamistas del 11-S en Nueva York y Washington, en el orden de las percepciones internacionales ocasionadas por ello, y en el de las actuaciones y respuestas militares, las cosas nunca volvieron a ser como fueron antes.

Pero todavía toca esperar, horas o acaso días, para saber cómo han sido algunos extremos de lo ocurrido con el vuelo de Swiftair operado por la compañía nacional argelina.