Gaza, en el síndrome yihadista

Sólo faltaba en la olla hirviendo del Oriente Próximo el temido y sobrevenido hallazgo de los cadáveres de los tres muchachos israelíes secuestrados el pasado mes de junio. A la multiplicación celular del terrorismo de base suní en el doble frente islamista de Iraq y Siria – resuelto en “califato” contra los chiíes gobernantes en estos dos Estados – se añade ahora la situación creada por la mixtura palestina de Hamás, gobernante en Gaza, dónde quiebra la regla del sectarismo lineal de esas dos guerras civiles, pues el radicalismo suní de esa facción operó hasta ahora bajo control menos que remoto de la República Islámica de Irán contra el Estado sionista de Israel.

El asesinato tras de su secuestro de los tres muchachos israelíes, no podía menos que llevar a lo que ahora ha sucedido: el bombardeo, por la aviación y la marina de Israel, de lo que fuentes judías definen como “objetivos militares” en el ámbito palestino controlado por Hamás; bombardeo resuelto en 25 impactos durante el espacio de 10 minutos.

Pero el trasfondo de este nuevo capítulo de violencia político/sectaria en el escenario creado en Asia Menor por las consecuencias sistémicas de la Primera Guerra Mundial – iniciada hace justamente un siglo – correspondientes al desmantelamiento del Imperio Otomano, viene referido a la interrumpida gestación del Estado Palestino.

De una parte la política de asentamientos ininterrumpidos de Israel en el espacio palestino, y de otra la reconciliación política de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) – interlocutor estable y baldío del Gobierno de Israel – con las huestes de Hamás, comisionado funcional de la beligerancia iraní contra el Estado judío, habían recreado en lo que fue la Palestina del Imperio Otomano un cuadro de lo que en terminología meteorológica se entiende como “ciclogénesis explosiva”.

O sea, una suerte de marimorena que contiene los factores necesarios para el estallido de otra guerra. Los suficientes para que ésta explosione vendrían definidos por el concurso de las torpezas en que puedan incurrir las grandes potencias si no consiguen, de un lado, disuadir a Israel del ejercicio del Talión; y de otro, convencer a Irán de que si no disuade a su patrocinado Hamás de su empeño de hostigar una vez y otra a Israel con provocaciones terroristas, nunca conseguirá llegar a un acuerdo con Estados Unidos sobre el asunto capital de su programa nuclear, lo que perpetuará las sanciones económicas y consolidará para largo su ruina nacional.

Cuestión aparte es la del yihadismo global que, como problema compartido en Asia, África y también Europa requiere de acuerdos y consensos tan sólidos como urgentes. Aunque lo más apremiante de todo es cerrar otro conflicto en Gaza, a lo que puede contribuir decisivamente el restablecido naserismo en Egipto.