La pendiente cuestión guineana

El que puede ser el camino para una normalización de las relaciones ecuato-guineanas ha comenzado con la actual visita del presidente del Gobierno español a Malabo, la capital de la ex colonia española, dónde se celebra la Cumbre de la Unión Africana (UA); una visita iniciada a partir de la invitación formulada por el actual presidente de esta organización supranacional, el mauritano Mohamed Ould Abdelaziz, para que interviniera ante los líderes africanos allí reunidos.

Pero la oportunidad de esta visita a Guinea Ecuatorial del presidente del Gobierno español, trasciende de las relaciones bilaterales entre Malabo y Madrid, para proyectarse globalmente con las que corresponden a España con el entero mundo africano en un contexto internacional de acelerado cambio dentro del mismo. Tanto en lo económico, donde destaca la consolidada presencia de China, como el multisectorial proceso político de cooperaciones internacionales y de conflictos relativamente nuevos como los derivados de las acciones yihadistas en el África occidental, a lo ancho del Sahel y por la costa índica del Continente.

Desde esta perspectiva de relaciones con el mundo africano, tan importante resultan, en lo político y en lo económico, las relaciones bilaterales de España con el mundo iberoafricano a través de Guinea Ecuatorial, Angola y Mozambique, como multilateralmente, para la seguridad antiterrorista, con nuestros socios europeos. Siendo éste un ámbito de actuación cuya importancia se identifica, al cabo, desde los intereses de nuestra propia seguridad nacional. Con los que coincide, tal como certifican los episodios de ese tipo de terrorismo islámico padecido en nuestro solar nacional, como sucedió con los atentados del 11-M de 2004, o reflejado organizativamente en las reiteradas detenciones de islamistas, tanto en la España peninsular como en la norteafricana.

Pero en el conjunto del escenario africano debe tener un interés preferente para España, por razones históricas y culturales, la evolución de la realidad ecuato-guineana, y quizá menos por nuestros propios intereses, incluso, que por los suyos propios: en términos de derechos humanos especialmente, sobre todo en lo que se refiere al vasto escenario de la seguridad jurídica, dónde se imbrican y entrelazan los más diversos componentes de la cooperación entre los dos Estados como marco instrumental de una solidaridad que se fundamenta en un pasado que la propia OUA, por vía de su entonces secretario general, pudo certificar, cuando la emancipación guineana, como de ejemplar en todos los órdenes de la cooperación; al señalar que, por ejemplo en lo sanitario, España dejaba allí un nivel igual o superior al de la entonces Yugoslavia de fin de los Años 60.

Pero las cosas giraron desde entonces de muy distinta e inestable manera, con giros a contracultura y en disonancia con amplísimas identificaciones nacionales de fondo. Por eso quizá en estas horas se haya llegado a una línea muy próxima a la de partida para la recuperación del tiempo perdido. Recuperación por la senda del respeto sistémico de los derechos humanos, defendida por Mariano Rajoy ante Teodoro Obiang.