Prosigue el yihadismo en el Oriente Medio

Cobra cuerpo la acusada probabilidad de que el yihadismo traspase en su expansión la divisoria de Jordania, luego de vulnerar la de Siria, pese a la línea roja que sobre el particular mantiene Arabia Saudí y el frente angloamericano. El desafío de los suníes parece hacer caso omiso de la movilización en Bagdad de las milicias chiíes de Al Sadahr, apoyado por la República Islámica de Irán de parecida manera a como siempre apoya en Siria a los Aluíes del régimen de los Assad.

Pero más allá del impulso militar del yihadismo, que hasta el momento no cede a la rígida posición del Gobierno de Al Maliki, lo cierto es que por parte del régimen iraní de los Ayatolás se abre una línea de presión distinta a la que se mantuvo hasta el momento: haciéndolo en el sentido de que el Gobierno de Bagdad se abra en el sentido de una apertura inclusiva, abierta, a que además de los chiíes se abran a otras tendencias en que participen también otras fuerzas políticas iraquíes, como los kurdos, suníes y cristianos.

Y junto a ello se señala también que la propia Unión Europea se suma a la oposición norteamericana contra toda intervención militar directa – como bombardeos y cualquier intervención armada, de momento, contra los yihadistas -, abriéndose, como compartida prioridad, a la de una solución política. Es Maliki quien estaría ya a estas alturas a la apertura política, o a la dimisión; porque de persistir la rigidez conduciría de modo inevitable a la explosión de una guerra civil en varias frentes. Algo lo que a su vez podría llevar a la propia implosión del Estado de Iraq y al descontrol de los recursos petroleros del país.

La tensión interna ha llevado al extremo de que John Kerry se encuentre en estos momentos buscando, de toda urgencia, concertar una alternativa política para la región; evitando que, al propio tiempo, sobrevenga la explosión conjunta de Iraq y Siria. Sin embargo, de otro punto, el problema de Ucrania – con la puesta en alerta las fuerzas rusas en el espacio central del país – impide que pudiera activarse la colaboración de Moscú (al que le podría caer otra oleada de sanciones) para estabilizar la situación en el Oriente Próximo y Medio, y acabe la guerra en Siria e impida la generalización de la guerra de Iraq. Dónde Al Qaeda es ya menos que la única y general causa del problema.

Es el líder espiritual del chiísmo iraquí, el Gran Ayatolah Ali Hussein al Sistani, quien acaba de pedir un Gobierno de unidad en el país. Es decir, la apertura de una hoja de ruta que lleve a descabalgar la contienda de la forma y el fondo de una guerra de religión.