Cicatería nacionalista y poda en forma de abdicación

Como no podía ser de otro modo, la histórica jornada nacional de ayer ha sido rica en evidencias – la de la cicatería nacionalista de Más y Urkullu, antes y después del discurso del rey recién proclamado -, y en claves esclarecedoras de la génesis de la abdicación habida previamente. Cuando en su discurso Felipe VI ha dicho que “La Corona debe velar por la dignidad de la Institución y observar una conducta honesta”, cabe suponer que podía referirse a la urgencia de los efectos depuradores de la propia Corona por el cambio de componentes de la Familia Real, que ha pasado, por el trance sucesorio, a componerse ahora del Rey Felipe VI y la Reina Doña Leticia, de sus hijas Leonor, Princesa de Asturias, y Sofía, junto con el Rey Juan Carlos I y la Reina Doña Sofía.

Las infantas Elena y Cristina, hermanas del actual soberano, salen de esa categoría troncal en términos sucesorios, para quedar sólo en Familia del Rey. Al fondo, como desencadenante de la abdicación, las tropelías supuestamente cometidas por el marido de Cristina, Iñaqui Urdangarin, al prevalerse en sus sabidas trapacerías del anclaje por vicaría que tenía en la Familia Real. Son nombres parecidos pero distintas cosas: Una, de naturaleza institucional y de soporte constitucional, como corresponde a la Corona, y la otra no.

Posiblemente pudieron haber pesado otras consideraciones y razones en la decisión del Rey Don Juan Carlos, pero la dicha causa bastaría por sí sola, dada la absoluta gravedad del escándalo nacional ocasionado por el procesamiento de Urdangarin. Añadidamente, el contexto histórico de este asunto: el enorme quebranto social resultante de la crisis económica, abundaba en la oportunidad de la poda tan generosamente practicada con su propia abdicación.

Por otra parte, la manifiesta cicatería mostrada por el binomio soberanista vasco-catalán con la palmaria frialdad de su acogida al discurso del Rey, se ha visto reforzada después, tanto por la súbita desaparición de escena de quien preside el Gobierno autonómico vasco, como por la declaración, en la “embajadilla” de la Generalidad de Cataluña, de quien se mira en el espejo de Luís Companys. Personaje que el 6 de Octubre de 1934 dio el primer golpe de Estado contra la II República; golpe reducido en pocas horas por el general Batet, casi con munición de fogueo, ejecutando las instrucciones del Gobierno Central.

En crítica al discurso de Felipe VI ha dicho Mas eso de que “le hubiera gustado escuchar que éste es un Estado plurinacional”. O sea, esa melonada de curso establecido entre los “austracistas” que claman en su demanda que el Estado nuestro se convierta en una suerte de reedición del Estado Austrohúngaro: borrado de la Historia al cabo de la Primera Guerra Mundial; algo así como un revuelto paradigma en el que se concitan los confederalismos de tránsito hacia una insistida descomposición de España.