Obama no se desarma

Cambio de eje pero no de dirección. En el discurso presidencial en la Academia de West Point el presidente Obama ha definido las líneas maestras de la política de defensa en el exterior, centradas tanto en la definición del terrorismo como riesgo sistémico y global para la paz en el mundo como en la naturaleza de los medios, militares y políticos, más adecuados para combatirlo conforme la actual presentación terrorista.

Definida ésta tanto por la estructura en red que ya había alcanzado Al Qaeda antes de la ejecución de Ben Laden en 2011. Una estructura y una dinámica de difusión que alcanza progresiones de carácter exponencial, principalmente -de costa a costa- en el continente africano. La materia de la amenaza terrorista determina y exige para enfrentarla un orden de medios nuevos y una política, nueva también, de concertación y cooperación, desde la óptica y el criterio de que el riesgo generado por el terrorismo tiene un proyección plural, más allá incluso de los propios intereses norteamericanos y de sus principales aliados.

Se postula para esa misma realidad, conforme lo expuesto por Barak Obama ante los cadetes de West Point, la prevalencia absoluta de las “acciones colectivas” frente a las actuaciones en solitario, tales como las que cupo entender y ejecutar cuando las condiciones en que el terrorismo islámico eran de distinto formato, sin el rango de difusión global que Al Qaeda tenía antes del 11 de Septiembre de 2001, en los ataques contra Nueva York y Washington. El presente grado de difusión ha llevado, en el análisis que subyace a lo expuesto en West Point por el presidente estadounidense, a la convocatoria de una cruzada laica contra la amenaza de gran formato internacional que supone el terrorismo islamista.

Y desde ello, el ajuste óptico general frente a las alternativas que pudieron prevalecer hasta ahora en las actuaciones internacionales de la política de defensa por parte de Washington, trasladando el énfasis desde las acciones militares a las opciones diplomáticas y de negociación; llevando en este sentido a criterios restrictivos de intervención, como la expuesto sobre el problema de la guerra civil en Siria, al anunciar ayudas limitadas a los rebeldes sin nexos con Al Qaeda, y recordando el limitado tipo de intervención en la guerra civil de Libia.

En conclusión, un cambio de página en la política exterior y de defensa para la última fase del segundo mandato presidencial del presidente Obama, con el que en cierta manera ha querido salir al paso de quienes le imputan pasividad y moral de retirada.