Vísperas ucranianas y retaguardias por Asia

De manera cierta, buena parte del mundo internacional gira a estas horas sobre la cabeza de Vladimir Putin. A Poniente suyo, Ucrania entra en muy críticas vísperas electorales, con dialécticas de violencia, en las que chocan las armas de Kiev y la resistencia armadas de los rusófonos – con un último parte de 14 soldados nacionales muertos – y violencias dialécticas como las que cuestionan la legitimidad del Gobierno de transición para convocar las urnas con las que hacer legal lo que es real y legítimo por parte de quienes recogieron en la calle el poder que habían dejado en ella, tras de la huida de Yanukóvich, quienes ejercían contra las mayorías nacionales de allí un espúreo mandato de sumisión procedente de Moscú.

A Oriente del nuevo zar ruso, el Asia inmensa que se extiende al sur de Siberia, como si hubiera sufrido un shock por el ingente acuerdo energético suscrito por Moscú y Pekín, se abría informativamente ayer con el atentado terrorista en la capital de Xinjiang, mediante tiros y dinamita islámicos en un mercado – como si fuera en estos días la más problemática región de Nigeria-; Tailandia entraba en su enésimo golpe de Estado, luego de muchos meses e inestabilidad política con protestas y altercados en la calle, y Corea del Norte disparaba en el Mar Amarillo, sobre la divisoria de sus aguas jurisdiccionales con las de Corea del Sur, línea que se vino a establecer cuando la firma del armisticio en Panmunjon que puso, fin en junio de 1953, a la guerra que había comenzado tres años antes.

Existe entre todos estos sucesos de la actualidad asiática una conexión de base propia de los vasos comunicantes, aunque los enlaces no son todos del mismo porte y caudal. Lo de Tailandia se inscribe en las dinámicas del Sureste Asiático dentro de un estatus de singularidad política interna definido por los problemas de adecuación institucional, en los que la Monarquía juega a la postre una función moderadora en la medida que es recurso de última instancia frente a las desavenencias profundas entre las enfrentadas facciones políticas y ante los problemas de la corrupción. Pero Tailandia se inscribe también en el conjunto de países de aquella región que, en lógica nacional, se oponen a las pretensiones de Pekín sobre la extensión de sus aguas y respecto de los recursos energéticos subyacentes en las mismas.

Con Tailandia, Filipinas, Malasia e Indonesia, además de compartir resistencia a tales pretensiones de Pekín, se inscriben bajo el paraguas norteamericano desplegado en el entorno del Pacífico asiático, en cuya parte norte, con Japón y Corea del Sur sostiene una práctica de ejercicios aeronavales a la que han parecido responder ahora, con motivo de su gran pacto energético. Desde esta óptica, China y Rusia abren la pregunta de qué harán para lo sucesivo con el tema de Corea del Norte, visto que Pyongyang, ante la nueva sintonía Pekín -Moscú, parece haberse animado con los disparos navales en un punto crítico dentro de los muchos que componen la tensión en la península coreana.

Todo lo del Oriente asiático resulta potencialmente un saco de sorpresas poco gratas, aunque ahora mismo de menos entidad geopolítica que cuanta cabe en las elecciones ucranias de este domingo.