Drenaje económico para la tensión geopolítica

Putin parece encontrarse satisfecho porque ante los puntuales disensos que le surgen con Occidente encuentra puntuales consensos con Oriente, de modo muy principal con China. Al malestar producido hasta el martes con la Unión Europea y Estados Unidos por sus maniobras militares junto a la frontera de Ucrania, incumpliendo hasta dos veces consecutivas sus promesas de suspenderlas y replegar las fuerzas a sus bases en el centro del espacio ruso, parece aliviarse de su contrariedad por la vía homeopática de anunciar otras maniobras, a mayor escala, por tierra, mar y aire, con la China de Pekín en el límite superior de las aguas meridionales de éste; que a estas horas constituyen un espacio de fricción con sus vecinos regionales -Filipinas, Malasia, Indonesia y Tailandia -, mundo del Sureste Asiático con el que Estados Unidos acaba de convenir (posiblemente también con el propio Vietnam) acuerdos de colaboración para la defensa; dado que sobre esos ámbitos China ha esgrimido recientemente pretensiones de soberanía para las correspondientes aguas. Ricas al parecer en recursos energéticos, petróleo y gas, en los que China, por su acusada carencia de los mismos, encuentra uno de sus más significativos cuellos de botella para la continuidad de sus tasas de crecimiento económico.

Entonces, volviendo a la presión económica de Occidente por causa de la tensión geopolítica creada por la anexión de Crimea y por el conjunto de presiones que desarrolla sobre la integridad territorial y la soberanía de Ucrania; a la vista de las alternativas energéticas que la Unión Europea baraja para no estar al albur de estas dependencias – comenzando por las de la asociada Ucrania y siguiendo por las de la Europa central, especialmente por la de la misma Alemania, con sus centrales nucleares emplazadas por el cierre a corto y medio plazo -, que demandan alternativas a la dependencia de Rusia: un escenario nuevo de suministros norteamericanos y de las fuentes norteafricanas y del Oriente Medio, con entradas a través de los puertos del mediterráneo, pero especialmente por vía de los dos oleoductos con los que Argelia aporta su combustible a través del espacio español, sin contar con los flujos aportados por los barcos butaneros sobre los puertos españoles, para ser entubados a su vez por una red adecuada de gasoductos que lo transporten a Europa a través de los Pirineos, siempre que Francia se avenga a potenciar la interconexión, tanto en éste como en otros capítulos del transporte.

La conveniencia de ello se hace patente, necesaria y urgente, visto el cambio forzado desde Rusia por su propia presión geopolítica sobre Europa, con sus anexiones territoriales e injerencias en la soberanía de Ucrania.

Nunca más claro para la unión efectiva de Europa que aquello de hacer de la necesidad virtud; o lo que es lo mismo, aprovechar las crisis para encontrar desde ellas vías nuevas de crecimiento y progreso. El ejemplo lo está dando la propia Rusia: anticipándose a las consecuencias de la emancipación europea de las servidumbres económicas y políticas implícitas en la dependencia de su gas y de su petróleo, Putin negocia ahora con China su propia alternativa, en términos de oferta, si la demanda energética europea se reduce a niveles que resulten compatibles con la propia seguridad económica del Viejo Continente.

En el fondo no está nada mal, sino todo lo contrario, que la tensión geopolítica generada por la Rusia de Putin por querer reconstruir el estatus geopolítico existente al acabar la Segunda Guerra Mundial. Un cuadro que de forma casi obligada desembocó en la Guerra Fría. Pudiera ocurrir a partir de ahora que, pese a que entonces aquella Guerra Fría sólo fue caliente fuera de Europa, viniera a serlo ahora en nuestro compartido solar europeo, al cargar con espoletas de crispación el hervidero de problemas engendrados en ella por los nacionalismos.

Queda sin embargo la esperanza de que la tensión geopolítica venga a drenar a través del intercambio más o menos global de alternativas económicas entre el Occidente euro-americano y el Oriente ruso-chino.