Cambio de rumbo ruso en Ucrania

Si Vladimir Putin se pronuncia por el aplazamiento del referéndum de los rusófonos en el sureste de Ucrania y, al propio tiempo, pasa a apoyar las elecciones presidenciales en el total del Estado el próximo día 25, preparadas por el Gobierno provisional de Kiev – para así legitimarse -, y además ordena la retirada de sus tropas desplegadas en la frontera y las reasigna a la realización de las maniobras y ejercicios normales, Putin ha cambiado de marcha en su actuación dentro de la presente crisis.

Este cambio de criterio, de modificación del rumbo, orienta a la previsión de que se puedan abrir a corto plazo las puertas de otra conferencia en Ginebra sobre el problema de Ucrania, tan radicalizado en las últimas horas por su progresión hacia un escenario específico de guerra civil. Pues las operaciones, al ampliarse en sus términos principales – en número e importancia de objetivos y de efectivos -, se han disparado muy significativamente las bajas tanto entre los milicianos como en la tropa del ejército nacional ucranio.

La pregunta es obligada: ¿por qué este cambio en las postura de Putin? Las causas y los motivos a considerar incluyen desde los efectos de la progresiva cadena de sanciones diplomáticas y económicas aplicadas por Estados Unidos y la Comunidad Europea desde la anexión de Crimea – que pueden haberse traducido en el esperado efecto disuasorio – y, puntualmente -, como por causa de la iniciativa de Alemania, expuesta en Viena y ante el Consejo de Europa por su ministro de Asuntos Exteriores, al que acompañaba su homólogo de Ucrania.

Esta iniciativa de Berlín, conviene precisarlo, se ha venido a producir tras de la visita a Washington de la canciller Merkel para mantener una jornada de trabajo poco menos que monográfica sobre Ucrania, en la Casa Blanca, con el presidente Obama. A ojos de Moscú, este encuentro entre los representantes de las dos piezas de más peso dentro de la comunidad económica y militar del mundo occidental, no podía ser entendido más que como el evento internacional de más sólida significación desde que la crisis ucrania pasó de ser un asunto sustancialmente interno, hasta la fuga a Rusia del presidente Yanuchenko, convirtiéndose en un suceso geopolítico desde el inicio del proceso de anexión rusa de la península de Crimea.

A partir de entonces cabría decir, en términos pugilísticos, lo habido hasta ahora habrían sido asaltos sólo iniciales, de tanteo: una fase inicial para el calibrado del respectivo fondo de propósitos y de la recíproca beligerancia. La conclusión putiniana, a la vista del cambio sobre las elecciones ucranias incorporado a su hoja de ruta, sería la de que la cuestión de Ucrania y la de Georgia en 2008 sólo tienen en común – pese a la “catástrofe geopolítica” que supuso la desaparición de la URSS – el agua oscura del Mar Negro. También, muy posiblemente, la comedida y firme respuesta occidental ante el suceso de la anexión de Crimea le habría deparado la evidencia de que en tales aguas marinas no le cabe pescar otras Abjasias ni otras Osetias. Mientras que sobre Crimea aun quedaría tela que cortar…