Preguntas para después de la distensión Este-Oeste

Cuando ayer en Slaviansk las milicias que opera el Kremlin de Putin derribaban el tercer helicóptero militar ucranio en las últimas 72 horas y la represión por Kiev del proceso sedicioso toma los enteros colores de una guerra urbana, y se ha consolidado en el sureste de Ucrania la presunción sólida de que el conflicto aquel no tiene marcha atrás, se hace poco menos que urgente plantearse varias preguntas de alcance general en el oscurecido escenario político, diplomático y militar.

Así: ¿qué pasará ahora con la República Islámica de Irán y con la Siria de los alauíes cuando una y otra topan con el cambio de sus grandes referentes internacionales para la convergencia final sobre el asunto del problema nuclear iraní y, respecto de Siria, con la liquidación de las armas químicas en manos de los contendientes dentro de una guerra civil que ya dura más de dos años?

¿Habrá que deshilar lo hilado y destejer lo tejido conjuntamente por estadounidenses y rusos con iraníes y sirios? ¿Qué aguantará lo logrado con el consenso diplomático por John Kerry y Serguei Lavrov, respectivos directores de las diplomacias de Washington y Moscú?

¿Tendrá este consenso el peso y el poso de cosa ya negociada, cuanto se convino en la primera ocasión de este actual ciclo de reuniones en Ginebra, luego de que en septiembre pasado y en Nueva York, el presidente Obama llamará por teléfono al presidente iraní, Hasan Rohani, cuando éste, después de asistir a la Asamblea General de la ONU y llevar la noticia de los nuevos aires políticos de Irán después del ciclo Ahmadineyad, viajaba en taxi hacia el aeropuerto para regresar a Teherán?

Todo el entramado de las condiciones previas – tanto las necesarias y las casi suficientes para la negociación con Irán – avanzaba, pero ello, ahora mismo, no se sabe si en un tejido o un cordel que se pueden, de un momento a otro, deshilachar o romper luego del temido hundimiento del escenario ruso-norteamericano, tras la embestida de Vladimir Putin contra la basculación sistémica de Ucrania hacia la Unión Europea en particular y el conjunto occidental en general.

Desde la Cumbre Europea de Vilna, antes aun que desde la anexión de Crimea decida por Vladimir Putin, la relación ruso-americana aparece incursa en un proceso de implosión del correspondiente estatus quo vigente desde tiempos que se remontan a la política de Gorbachov. Es decir, del albacea testamentario de una Unión Soviética que se había derruido por el peso de un esfuerzo incompatible con el porte y enteras capacidades de su economía. Un desajuste comparable a este en el que se encuentra inmersa la de la Federación Rusa, cuyo Producto Interior Bruto sólo es equivalente al de la economía de Italia, a la quinta parte de la China y a la décima de Estados Unidos.

¿Se ha echado por la borda todo el camino transitado desde entonces en la gran crónica de la distensión? ¿No se han salvado siquiera los muebles que revestían las conexiones internacionales para mínimos vitales de contención y orden logrados desde entonces?