El síndrome Schröder

Con la que está cayendo en Ucrania y en las relaciones de los occidentales con la Rusia de Putin, la imagen captada por un fotógrafo de AFP en San Petersburgo del abrazo con el que recibió al presidente ruso el excanciller de Alemania Gerhard Schröder, la noche del pasado lunes, ha sido causa de gran revuelo en la prensa de la RFA. No es para menos.

Pero resulta cierto también que fuera para tanto y para más que en su día, previamente, hubiera sido para más que los medios europeos  se hubieran hecho mayor y suficiente eco que quien ocupara la Cancillería de Berlín entre 1998 y 2005, pasara a ocupar sin solución de continuidad, como quien dice, la jefatura del órgano de gobierno de “Nord Stream AG”, empresa dependiente de Gazprom  -el gigante ruso del gas-, cuyo cometido es la gestión del gasoducto que, atravesando el Báltico, lleva este hidrocarburo hasta Alemania como pieza troncal de la alternativa energética al equipamiento nuclear de la nación.

Este episodio focal cazado en San Petersburgo, la antigua capital de la Rusia de los Zares, encuentra su plenitud en razón de las circunstancias por las que ahora mismo atraviesan las relaciones del Kremlin con el mundo democrático occidental. Y, ciertamente, no es que esta conexión germano-rusa presente paralelismos con los meses finales de 1939, pues ni los nazis mandan en Berlín ni tampoco Putin es Stalin. Igualmente, Schröder no es un Von Ribentrop en funciones.

La cuestión -más de un punto escandalosa- es la disonancia entre el fáctico liderazgo de Alemania en la Unión Europea que se las tiene tiesas con la Rusia de Putin y la sintonía, privada y personal, de un muy reciente canciller de Berlín con un poder ruso cuya tipología es más propia de un poder autoritario paredaño de los nacionalismos parafascistas, que de Gobierno homologable con las democracias europeas.

Pero hay más que el ridículo en que esta conexión germana con la Rusia que ha venido a desestabilizar Europa. Aparte de perturbar la dinámica de las respuestas políticas de la UE al incumplimiento putiniano de los acuerdos suscritos en Ginebra sobre la situación en Ucrania. Me refiero a la cuestión de las jubilaciones de los líderes políticos cuando pasan a la vida privada. Se deben éstas a condiciones de circunspección elementales, amasadas de prudencia y de distancia, donde no quepan prácticas ni sospechas de colusión. Existen al respecto reglas en las que cuenta tanto la ética como la estética de los comportamientos. Son pautas como las que conciernen a la mujer del césar: la honestidad se debe corresponder con la imagen de ella misma.