Rusia mantiene la iniciativa en Ucrania

Parece haber fundamento para la temerosa sospecha de que el presidente Obama incurre en problemática benevolencia ante la evolución de la crisis de Ucrania. Tras de acusar a Putin de “no haber levantado un dedo” para ayudar a la solución de los problemas en el sureste del país, creados por la rebelión de los rusófonos contra la integridad territorial ucrania, se suscita la cuestión de si el presidente norteamericano se ha quedado a medio camino en este plano de interpelación al Kremlin; pues el asunto no estriba en denunciar la falta de cooperación, sino en advertir que el camino seguido por el Kremlin desde la ocupación/anexión de Crimea expresa una continuidad de conducta que lleva por derecho a la desintegración nacional del Estado, pese al hecho de que entre aquello inicial y el presente medió nada menos que la última conferencia de Ginebra.

Rusia mantiene a todas luces la iniciativa en esta crisis de la desmembración ucraniana, teledirigida a partir del momento de la caída del Gobierno de Yanukóvich y de la fuga de éste tras de la revolución pacífica luego de su traición de Vilna contra la asociación con la Unión Europea. Tan clara como la relación de causa-efecto entre una y otra cosa, viene siendo la permanente inducción y pilotaje ruso de esta disidencia desde la rusofonía, que este domingo escalaba hasta el punto de ocupar la sede de la radio-televisión de Donetsk, en nombre de la “República Popular” de este territorio, y luego de derribar en la antevíspera un helicóptero perteneciente a los efectivos militares enviados desde Kiev para poner coto a la rebelión y restablecer el orden en el espacio suroriental.

Para mayor escarnio, estos avances en la estrategia para la demolición nacional de Ucrania, procurando por lo visto que no llegue a las elecciones del 25 de mayo que deben revalidar el cambio de poder ritualizado con la fuga de Yukanóvich, la pleamar del acoso rusófono ha venido a situarse sobre otro aniversario de la catástrofe nuclear de Chernóbil. Un hecho resultante de la chapuza totalitaria de la URSS sobre el pueblo ucranio, en la que se sintetizaron la torpeza, la imprevisión y la avaricia de los gestores del sistema de “perfección geopolítica”: añorada por la última promoción el KBG que constituye la base histórica del putinismo vigente en la Federación Rusa, todo desde la trampa constitucional ejecutada por esta generación postsoviética.

Hasta dónde puedan suplir la fuerza suficiente y equivalente a un recurso militar las nuevas sanciones económicas y diplomáticas aplicadas por parte de Estados Unidos y el resto de los miembros de este foro de decisión que lo suscriban, conforma la cuestión ahora planteada por la contumacia del nuevo Kremlin sobre la nación Ucrania, luego de lo que sucedió en Georgia y de lo que pudiera pasar si la metástasis neozarista alcanzara las riberas del Báltico y, añadidamente, se hibridara en el Pacífico con las pretensiones territoriales de una China totalitaria y aparentemente postcomunista. Corta de PIB la Federación Rusa para la escala de sus sueños imperiales, probablemente piense en convergencias estratégicas con Pekín. Washington parece columbrarlo visto los acuerdos de asociación de Obama con Malasia.