Respuesta homeopática al proceso de Ucrania

Acogiéndose al principio homeopático del “similia similibus curantur” (eso de que lo parecido a la enfermedad, al problema, aplicado en dosis mínimas, contribuye a resolver o curar el problema mismo), la OTAN, en paralelo a lo convenido en la reunión a Cuatro habida en Ginebra el pasado jueves sobre la crisis geopolítica de Ucrania, y especialmente frente a los despliegues y movilizaciones rusas en el sureste de esa nación, después de lo sucedido en Crimea dentro del mismo contexto de presiones arbitradas por el Kremlin, la OTAN, digo, se ha limitado, tal como si fuera sólo apunte de pizarra, a enviar unos pocos soldados y algún que otro avión a Polonia, Estonia y Letonia, en el escenario del Báltico, haciendo otro al sureste de la tensión, en Rumania y junto a los Balcanes, por el Mediterráneo oriental y el Mar Negro.

La reunión “ad hoc” en Ginebra ( la propia Ucrania, la Unión Europea, Estados Unidos, la OTAN y Rusia) aparenta una equívoca e inquietante semejanza con el clima histórico de la Conferencia de Munich, en los críticos Años Treinta del pasado siglo XX, bajo la presión geopolítica del “Lebensraum” o espacio vital argüido por el nazismo, a propósito de los Sudetes alemanes en Checoslovaquia, del pasillo de Dantzig en Polonia, o del cereal de las tierras negras de Ucrania.

Ha sido Arseni Yatseniuk, el presidente provisional de Ucrania (que será presidente efectivo si el 25 de Mayo se celebran las elecciones en su patria) quien, al hilo de la reunión de Ginebra, ha hecho la más expresiva glosa de esa declaración de Vladimir Putín cuando dijo aquello de que “la desaparición de la URSS ha sido la mayor catástrofe política del Siglo XX”. Yatseniuk ha ido a la réplica directa: ”Yo creo – acaba de afirmar – que la mayor catástrofe política de este siglo podría ser la restauración de la URSS bajo el auspicio del presidente Putin”.

Junto a la inquietud suscitada por el incidente en el entorno de Slaviansk, a causa de un choque entre las fuerzas ucranias y ocupantes pro-rusos de una de las posiciones gubernamentales ocupadas por éstos -, lo que ha dado pie que desde los simpatizantes de Moscú se diga que ha sido rota la Tregua de Pascua, se viene a poner de manifiesto la consolidación de un nuevo escenario dialéctico impulsado por el Kremlin. Una retórica profundamente enraizada, como antes he vuelto a recordar, en la que emplearon los nazis en vísperas de la Segunda Guerra Mundial con lo del “espacio vital”, el Lebensraum, de geógrafos alemanes del Siglo XIX, como Freidrich Ratzel. Aquello con lo que construyeron el andamiaje conceptual en que quiso apoyarse la práctica y la doctrina para la “voluntad de imperio” y el “destino manifiesto” del III Reich.

Se trata, podría decirse, de la busca de argumentos dentro el proyecto el Putinato, término en que habría de englobarse todo el tiempo transcurrido desde la instauración de la diarquía Putinin/Bardiaev en el año 2000, sin solución de continuidad alguna. Ello ha permitido que no se interrumpiera su proceso de relectura de la Historia Moderna y Contemporánea de Rusia, adecuándola al propósito de reelaboración de toda suerte de legitimidades que justifiquen, como ocurre desde 2008 con la Guerra de Georgia, las apropiaciones territoriales de Abjasia y Osetia del Sur, y desde la revolución popular en Ucrania, con la anexión de Crimea y la subversión del orden político en el sureste de la Nación. A la reformulación de las supuestas legitimidades históricas se suman en estas horas los despliegues militares rusos en los entornos de este teatro de manipulaciones. El Putinato, ya se sabe, siembra pasaportes por los predios de la rusofonía y después, con la presión de las armas, cosecha, recoge y añade nuevos territorios a la Federación Rusa.

No se entiende ni poco ni mucho, por tanto, ni cual ha sido el fruto real de la reunión de Ginebra, ni que se pretende con los gestos homeopáticos señalados al comienzo de esta nota. Habrá que esperar para ver en cómo y en cuánto se define y expresa la disuasión suficiente desde el mundo occidental.