Desde Crimea y Osetia el mundo es otro

La respuesta en términos de disuasión por Tierra, Mar y Aire por parte del secretario general de la OTAN, el danés Fogh Rasmussen, es hecho de congruencia ante la situación creada en la linde oriental de Europa por la anexión rusa de la península de Crimea, seguida de los movimientos de subversión, agitación y fuerza por parte de Rusia en el sureste de Ucrania: una dinámica de continuidad enfática con el suceso desencadenante del actual proceso de fractura del orden internacional sobrevenido con el desplome del sistema soviético.

Ocurre asimismo que el suceso de Crimea ha sobrevenido sobre el precedente de la anexión rusa de Osetia del Sur, en Georgia, tras la guerra del verano de 2008, con la que arrasó políticamente a los liberales georgianos que habían apostado, en paralelo con los ucranios, por el giro hacia Occidente No fue éste un precedente cualquiera de los sucesos y de la tensión ahora en despliegue. Estamos ante un suceso cabal de coherencia genética – en términos de organismo ideológico y político – concerniente al gobierno de la Federación Rusa. Algo con lo que quiere restablecer, en sólo en términos de poder nacional, el suceso de poder internacional en que devino, históricamente, la Unión de República Socialistas Soviéticas.

En el esquema desde el que se mueve Vladimir Putin -de nacionalismo ruso estricto – no cabe la previsión de rectificaciones ni de pactos que signifiquen la posibilidad de un cambio de marcha… Ni él ni los demás nacionalistas rusos del KGB con los que emprendió la aventura del poder político ante los términos de la “catástrofe geopolítica” que supuso la desaparición de la URSS, van a ser sensibles a otras razones que las de la fuerza. Expresadas al menos en términos de disuasión, tal y conforme acaba de expresar el secretario general de la OTAN.

Aquello de la anexión de Osetia del Sur, metabolizado por Occidente en términos de normalidad, fue como una suerte de ensayo general, tal como cabe entender ahora. Entonces como ahora la OTAN también mandó sin mayores consecuencias algún destructor a que se diera una vuelta por el Mar Negro. No cabe ahora más que medidas de disuasión ante la inmediata conferencia sobre Ucrania que se celebre en Ginebra, con el propio Gobierno de Kiev, entre Rusia y el mundo occidental.

Puede que en consecuencia se consolide una dialéctica nueva en las tensiones internacionales generadas por la Rusia de Putin. Se moverán fuerzas militares, tal como ya se anuncia, por los flancos y las lindes de los respectivos espacios geográficos como parte obligada más allá del correspondiente ritual, pero lo importante de verdad serán las sanciones políticas de virtualidad económica. Nada de alternativas bélicas – inevitablemente paredañas de riesgos de Apocalipsis -, y sí todo cuanto quepa como capacidad de vulnerar la flotabilidad económica del imperio que Putin pretende recrear a imagen y semejanza de lo que fue la URSS. Sueño y empeño que tiene en común con lo que fue la carencia de un sustento económico real y verdadero. Con un PIB como el de Italia, pese a los ocho husos horarios que tenga Rusia, el sueño putiniano será como el soviético. Un tinglado con pies de barro.