Detonada la espoleta “Crimea”

Empleada la ganzúa del referendo prácticamente reservado para los rusófonos censados en la fracción peninsular de Crimea; detonada la espoleta en que consiste este territorio dentro de la carga explosiva en que ha derivado el problema de Ucrania, por la regurgitación putiniana de la geopolítica derogada con la desaparición de la URSS; ocupado previamente el escenario por un ejército de 23.000 hombres, sin distintivos, enseñas ni banderas, aplicado a la custodia de la tramoya; iniciada la farsa con el recuento y lectura de los votos emitidos, comienzan, cabe decir, las exequias de la distensión internacional y el acta formal de la ruptura del “status quo” por parte de Vladimir Putin, presidente -que quiere ser- “de todas las Rusias”.

De entrada, la UE anuncia que no reconocerá el resultado y, además, insta a Rusia que se retire de Crimea. Al mismo tiempo se habla del establecimiento de una “tregua” entre Rusia y Ucrania hasta el próximo viernes, 21 de marzo: una semana después de que el Consejo de Seguridad de la ONU registrara el veto y la abstención de Pekín a la propuesta de una Resolución a la condena del proceder del Kremlin en esta aventura; que no se queda en hechos tan contundentes como los habidos hasta ahora, en los que se incluyan con pinceladas tan climáticamente belicistas con la reanudación de las maniobras militares de gran formato en el limes occidental ruso, y con otras, aeronavales, en el Mar Negro, sino que toda esta práctica llega adobada desde Moscú con declaraciones oficiales en las que se afirma que “elementos terroristas radicales (¿acaso habrá terroristas moderados?) oprimen a la población rusófona de Ucrania”.

Antes de seguir adelante conviene reiterar la observación ya hecha sobre las más que inquietantes similitudes entre este género de salsas retóricas y las utilizadas por el III Reich antes de la invasión de Checoslovaquia para resolver el “problema” de los sudetes, germanófonos establecidos en tal espacio nacional. Esa salsa y envoltorio es lo mismo que el “lebensraun” hitleriano, como discurso teórico y doctrina del “espacio vital” o necesidad imperativa del crecimiento territorial del Estado nacionalista desde una moral política apoyada en otra variante del maquiavelismo: en el sentido de que el fin justifica los medios. Y ese fin, tanto puede incluir desde el doctrinal “destino manifiesto” de cuño norteamericano, como el propósito de la Europa de la Conferencia de Berlín, en 1883, cuando concierta la voluntad de “repartirse” África para disponer de sus materias primas y compensar indirectamente los añadidos costes en el proceso productivo derivados de la institucionalización del sindicalismo.

Pero esto de Putin llega revestido de otras consideraciones, de tipo nacionalista ruso, frente a las consecuencias geopolíticas derivadas de la “catastrófica” consecuencia geopolítica de la desaparición de la URSS, según recientísima manifestación suya. Y hay que volver a recordarlo una vez y otra en estos días de zozobra para la paz en Europa, por tierra mar y aire. Justo cuando se comienzan a contar las horas que restan hasta el próximo viernes en que expira la tregua impuesta desde Moscú a Kiev.

Obviamente, no será el rechazo de la UE a lo hasta ahora  expresado con la manipulación político-militar de Crimea, sino también a lo sabido, desde el nuevo Gobierno de Kiev, sobre las complicidades del depuesto Yanukovich con Putin, durante su mandato en lo tocante al grave desarbolamiento de las defensas militares de Ucrania. Cosa reveladora de que la ocupación rusa de Crimea es cosa preparada de largo. Posiblemente desde el momento mismo en que el Partido de las Regiones llegó al poder, luego de que fuera electoralmente derrotada la Ucrania que había apostado por la Unión Europea.

El mundo libre mira ahora a Washington esperando sus precisiones sobre el precio que habrá de pagar si Moscú continúa adelante.