Las cuentas de Maduro encallan con Obama

La marejada de contestación social y política por la que atraviesa Venezuela ha llevado al presidente Maduro a recursos de apagafuegos que ya le queman las manos. La clave de su respuesta estriba en la pretendida ocultación de la realidad, al negar la base objetiva del conflicto. Que no es otra que el fracaso a la redonda de su gestión presidencial, en la que ha sumado a la heredada ruina del régimen – consumido en sus propias contradicciones -, las propias torpezas personales. Consecuencias mecánicas de su incapacidad y su incompetencia de patán barnizado con el tranquillo de las retóricas aprendidas de sus maestros de La Habana.

El material crítico de su tarea frente al desencanto de sus votantes – que ya alcanza a las zonas de Venezuela que fueron las canteras del sufragio chavista y que ahora son el rompeolas social de las carencias y los desabastecimientos -, está compuesto con las imputaciones causales de ello a la labor “conspiradora” de las fuerzas de la oposición al sistema. Imputaciones coronadas por la atribución de tal labor a la figura política de Leopoldo López: reducido ahora a prisión luego de haberse avenido a comparecer ante el Gobierno. Es Leopoldo López, al cabo de la actual fase de su peripecia, la figura que posiblemente ha superado a Henrique Capriles en el liderazgo de las mayorías integradas en el creciente frente opositor; toda vez que Capriles – ahora resistente a reanudar los contactos personales que Maduro le ofrece – fue “quemado” en la trampa electoral del 14 de Abril de hace doce meses.

Es de señalar respecto del encarcelamiento de López la versión que circula entre los medios políticos venezolanos progresivamente establecidos en España en el sentido de que desde el poder chavista se ha considerado en los últimos días la eventualidad de trasladarlo a Cuba, a efectos, posiblemente, de aislarlo de sus enlaces y colaboradores. De momento, sería el riesgo de la escandalera que ello provocaría la razón de que se haya desistido por ahora de tan descomunal disparate. O de que habiéndose éste llevado a cabo se haya mantenido en el más absoluto secreto.

Alternativamente el supuesto motor de las manifestaciones de protesta, en las que ya se contabilizan 13 muertes y centenares de heridos y detenidos, sería para el Gobierno de Maduro la conspiración de la propia embajada norteamericana. Idea que estuvo en la base de la expulsión de tres funcionarios de la misma, a la que ayer replicó Washington, dentro de los normales mecanismos de retorsión diplomática, aplicando el plazo de 48 horas a otros tantos miembros de la Embajada venezolana en Estados Unidos para que abandonen el país. Este intercambio de remesas de funcionarios viene de momento a coronar la ausencia de embajadores, venezolano y estadounidense en Caracas y Washington; justo en el momento en que Maduro había anunciado que su ministro de Asuntos Exteriores, Elías Jaua, tenía ya preparado el nombre para proveer de titular a la Embajada de Venezuela en Washington; es decir, para entrar en la normalización de relaciones entre ambos Gobiernos.

Entre tanto, es Diosdado Cabello la alternativa de régimen que se baraja para la eventual sustitución de Nicolás Maduro, encallado en las últimas horas con la denuncia de un supuesto golpe de Estado como buscado desenlace de la marejada de manifestaciones. Proceso éste tras del que se encuentran datos como la sabida inflación que rebasa el 50 por ciento, último paso en la que ésta se ha venido acumulando desde la instalación del chavismo hasta niveles de 2.000; endeudamiento de dos billones de dólares; incremento disparado de la importación de policía cubana; importaciones de acero y aluminio, que relevan a las anteriores exportaciones de lo que Venezuela producía…, e inquietud creciente en los medios del régimen sobre la incógnita en que aparece envuelta la unidad de las FF.AA.