Venezuela se le escapa a Maduro

Son demasiados los frentes, tantos que se le va todo de las manos, los que tiene abiertos a estas horas el presidente Nicolás Maduro. El caos económico, con una inflación real que se estima por encima del 50 por ciento, mientras se agrava el desabastecimiento en componentes básicos del consumo; las manifestaciones callejeras de protesta en las que los estudiantes ofician de punta de lanza; la caza de rostros nuevos en los líderes de la Oposición; las muertes habidas ya, de las que se acusa a las milicias chavistas blandidas por el Gobierno al estilo de cómo lo hacía en Irán con las suyas el expresidentes Mahmud Ahmadineyad – que tantas visitas hizo a Caracas en apoyo del fallecido Hugo Chávez -; la intervención distante del Gobierno norteamericano alertando de la esfumación de las garantías políticas exigibles en toda democracia, lo que ha llevado a la expulsión de tres funcionarios de la Embajada estadounidense en Caracas; la subida constante del nivel de exposición de los líderes políticos enfrentados no ya sólo al Gobierno sino al sistema chavista que ha bloqueado la alternancia en el poder a los partidos políticos del país…

Un síndrome de excepcionalidad y anomalías de todo orden ha venido a reflejarse en el entero ámbito venezolano y no únicamente en las calles de Caracas, donde la riada de la delincuencia común y de la inseguridad ciudadana alcanza cotas impropias en Estados que cursan como tales y no están en la raya del caos en que naufraga la más elemental noción del orden público.

Con una panorámica de este porte habría de hacerse esperar alguna manifestación de las entidades regionales americanas de aquellas a las que Venezuela pertenece, especialmente la OEA, aunque sólo fuera por la vía de comentarios técnicos referidos a la muy desastrosa marcha de la economía. Pero no. Muchos son los petrodólares sembrados para que en tesituras como la presente no se levante un muro de silencio cómplice sobre lo que es algo más que clamorosa incompetencia culpable de un personaje como Nicolás Maduro, cuya “legitimación” como presidente electo pudo ser literalmente comprada en aquella Conferencia de Lima con la que se certificó, contra toda evidencia, que las elecciones presidenciales del 14 de Abril del año pasado, fueron veraces, legítimas y transparentes.

Pero ni aquel espaldarazo ni las amenazas actuales de represión de la disidencia y el descontento popular, pueden garantizar al huésped del Palacio de Miraflores – que tiene realquiladas a las hijas de quien le invistió en vida como heredero del poder chavista – que su detentado mando sobre el país, a la vuelta de la esquina, no se le escapa irreversiblemente de las manos.