Insolubles guerras sectarias

Van para 150.000 los muertos cosechados por la guerra civil que padece Siria, y hacia la oclusión plena el horizonte de paz que se pretendió abrir con las dos sesiones habidas sobre ella en la Conferencia de Ginebra. Los únicos progresos habidos han sido los muy limitados para la evacuación de civiles, heridos y niños en la ciudad de Homs. Nada más. Sola, como un pájaro herido, ha quedado la pretensión del bando rebelde de que se camine hacia un Gobierno de Transición susceptible de convertirse en puente hacia la paz.

Ladjar Ibrahimi, el enviado por el Secretario General de Naciones Unidas, ha hecho saber el escepticismo que le colma ante la eventualidad de que se convoque una tercera ronda de conversaciones en la ciudad suiza, que ahora aparece tocada de mal fario por el efecto rebote del referéndum votado para la exclusión de extranjeros pertenecientes a Estados miembros de la Unión Europea. Otro asunto de intrincada complejidad institucional porque afecta frontalmente al principio de libre circulación para los ciudadanos pertenecientes a las naciones signatarias de los compromisos de la UE, por más que Suiza aunque no miembro de la Unión sí tiene con ésta, en cambio, vínculos contractuales establecidos al respecto por propia y libérrima voluntad.

En este sentido, la dinámica de disidencia y exclusión a que responde el referéndum recientemente celebrado por la Confederación Helvética, aparece medularmente emparentada con el comportamiento sectario que anima, de parte a parte, el sangriento pleito sirio entre suníes y chiíes. Todo pertenece al poco menos que diabólico principio de exclusión de unos frente a los demás. Algo, en fin, que se corresponde con el discurso terrorista de Al Qaeda y sus franquicias en el seno de la mayoritaria fracción de los suníes dentro del universo coránico, y con la dialéctica suiza de romper la baraja en el juego de su pactada relación con la Unión Europea a propósito de la libertad de movimientos para personas y bienes en el seno de ésta.

Pero más allá de la gravedad en sí que supone la refrendada deserción nacional del compromiso asumido al respecto con la UE, aflora la cuestión, distinta y previa, del desajuste entre fines perseguidos y medios aportados en el ya largo camino recorrido desde la CECA inicial a la meca de la integración de las naciones europeas en una unidad de destino histórico. La moraleja que de ello se desprende – de la espantada de los suizos con su referéndum recién perpetrado contra las obligaciones internacionales suscritas- con la ruina de su crédito político universal, sería tanto como la de su crédito bancario…

Al fin y al cabo, el sectarismo islámico combatiente en Siria como el sectarismo nacional refrendado en Suiza representan, respectivamente, el colmo de la irracionalidad en el debate religioso interno dentro de una misma fe, y en el debate político y económico dentro de una común y misma conveniencia colectiva dentro de una unidad de espacio histórico. Como corresponde a los consabidos pueblos de Europa. Ginebra simboliza en estos momentos el cruce de esos dos caminos emparentados en el sectarismo.