Sellado del tobogán comunista de Venezuela

Nicolás Maduro, el muy discutido y polémico presidente en curso de Venezuela, y Raúl Castro, presidente de Cuba desde que la enfermedad de su hermano Fidel apartara a éste de la gestión directa de la dictadura comunista cubana, acaban de reafirmar, según los medios de comunicación de La Habana, la voluntad de perpetuar la colaboración bilateral en el curso de una reunión de trabajo celebrada allí. Todo como un suceso prologal del comienzo de la segunda Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

La pieza central de este evento de dirigentes regionales pastoreados políticamente por el régimen castrista, en el que participan, según ha informado Efe, una treintena de mandatarios y países miembros de esa comunidad de Estados, no ha sido otra que el sucesor del difunto Hugo Chávez.

Nicolás Maduro es continuador de la base simbiótica sobre la que se estableció en su día la especial relación entre el chavismo venezolano y el castrismo cubano. Un vínculo que desde el 14 de abril de 2013 se refuerza y consolida, todavía más si cabe, por el hecho de que el ex sindicalista ahora instalado en la jefatura del Estado venezolano, fue catapultado a la relevancia política en el chavismo luego de haber sido ideológicamente formateado en los Talleres Revolucionarios de La Habana. Escuelas de formación profesional, estructuras de catequesis política en las que se han formado cuadros revolucionarios del Hemisferio iberoamericano, conforme un diseño castrocomunista de largo alcance para la América hispana.

Un proyecto cuyo arranque se sitúa prácticamente en el inicio de la Guerra Fría y que menos por simple inercia histórica que como resultado de las grandes asimetrías económicas, sociales y culturales de América del Sur, dentro del mundo geográfico occidental, subsiste con renovados impulsos adicionales. Desde ese polo magnético representado por el régimen de La Habana, que en el petróleo venezolano del chavismo primero encontró la fuente de financiación suficiente, la empresa revolucionaria continúa a través de los años, continúa y busca la consolidación de la misma con desarrollos colaterales cuyo punto nodal es la disponibilidad política de los recursos de hidrocarburos venezolanos, especialmente el petróleo, en su cuenca del Orinoco.

Cabe decir, por tanto, que más allá de los 100.000 barriles diarios de petróleo que Venezuela aporta a Cuba – como “pago” por los servicios que aporta el paquete profesional formado por médicos y técnicos sanitarios en número de 30.000, además de maestros, asesores deportivos y técnicos informáticos… – el régimen cubano, desde el soporte económico del chavismo, aspira a municionar políticamente sucesivos espacios regionales en el mundo suramericano.

Desaparecida la Unión Soviética, la Venezuela chavista fue su tabla de salvación económica no frente al “embargo norteamericano”, sino el socorro ante el fracaso del sistema castrista, comunista, de economía centralizada.

Mucho de lo aquí señalado valdría tanto para explicar la preferencia sistémica otorgada a la delegación venezolana en la segunda Cumbre de la CELAC, con el presidente Maduro y el nutrido equipo ministerial que le acompaña, como para la constatación de que el régimen chavista, en su fase actual, igual puede seguirse denominando “socialismo bolivariano” que sistema comunista venezolano, al menos hasta que remate también su implosión económica. Esta Cumbre de La Habana es tanto como el marco para el conclusivo sellado ritual del tobogán comunista por el que se ha deslizado Venezuela.