Los herederos de Mao

Es un rubro nuevo que añadir a las peculiaridades sin par del modelo político, económico y social del gigante de Oriente y segunda potencia económica del mundo. Una máquina de producción sin frenos sindicales y sin costes de libertad que compite con las economías de las potencias democráticas de Oriente y Occidente, primordialmente de Occidente. La contradicción inicial del modelo chino, donde el comunismo se acompaña y resuelve en el capitalismo más desorejado, éste no es de Estado sino de mercado. Tiene de todo, incluso del entero catálogo de tentaciones y corrupciones. Será por aquello de que el poder absoluto corrompe absolutamente. Algo que en China llega a la desiderata, al extremo, cuando no es un simple poder absoluto aquello que comparece, sino dos: el de la ecuación totalitaria de la política y el de las élites que gobiernan, patrimonializándolos, los resortes últimos de la economía.

Faltaba, digo, la prueba obtenida por el periodismo occidental sobre cómo 13 familiares de quienes allí, en China, regentan la “dictadura del proletariado” y 16 magnates que cuantifican o resumen la ventaja de quienes ordeñan el resultado de la síntesis -entre comunismo y capitalismo – en que se resuelve el sistema que impera en el secularmente autodenominado Imperio del Centro.

El escándalo imperial es de tal magnitud que, por ser incompatible con lo proclamado por el sistema, el sistema ha proclamado que la denuncia periodística no existe. Sí, que lo denunciado ni es verdad ni es mentira porque el sistema hace lo suficiente para que las buenas gentes no conozcan lo que nuestros colegas han desvelado para darle publicidad. Todos los medios de difusión en China tienen cerrado su acceso a la escandalosa realidad de que el modelo genera, como cualquiera otro de los que existen en el mundo, concurrentes bastantes para competir en los censos de la plutocracia mundial que elabora “Forbes”.

Pero los hechos periodísticamente revelados son de tan enorme magnitud que ni siquiera una red de censuras del tamaño de la Muralla China será capaz de ocultarlos al principal destinatario de esa información, que no es otro que la sufrida y laboriosa gente destinataria, por mano del profeta y caudillo Mao, de aquella dialéctica leninista de las “situaciones concretas”.

Habrá que esperar a ver en qué se resuelve, antes o después, el impacto de este escándalo político y económico, moral y sociológico, de unas evasiones de recursos a paraísos fiscales en el Caribe. Evasiones que aplicar además de al propio disfrute, a creaciones de empresas exentas de la disciplina del Fisco propio, teóricamente maoísta y destinado a redimir al proletariado de los abusos del capitalismo.