Vuelve Egipto al naserismo

El regreso de los Hermanos Musulmanes a la clandestinidad es síntoma central de nueva situación en Egipto. Lo acompaña la barrida en pelo expresada por la aprobación a la “búlgara”, próxima al cien por cien de los sufragios, en este último referéndum para la nueva Constitución.

Esto y aquello, el referéndum y la nueva Ley Fundamental, con el plebiscito implícito sobre las Fuerzas Armadas que el 3 de Julio del año pasado apartaron del Poder al islamista Mohamed Mursi; todo esto, y su previsible corolario a corto plazo, con el acceso del general Al Sisi a la jefatura del Estado por vía de las urnas, componen el síndrome – revolucionario, o involucionario – del regreso de Egipto al naserismo. O sea, al patriotismo “civil” opuesto al califal de los Hermanos Musulmanes, comprometidos éstos con la Sharia o Ley Islámica para la esencial regulación del Gobierno del Estado y de la orientación de sus leyes.

Nada tiene que ver las circunstancias que rodean este proceso con aquellas otras de advenimiento vía militar del nacionalismo egipcio como segundo paso de la independencia nacional sobrevenida por la caída del Imperio Otomano, tras de su derrota en la Primera Guerra Mundial, seguida del golpe de Estado del General Kemal Ataturk y sus Coroneles contra el Califato turco. Hechos capitales, determinantes de la instauración de la monarquía egipcia representada por el rey Faruk, institucionalmente sintonizada con el Imperio Británico.

El general Naguib con sus coroneles – entre los que destacaba Abdel Hamal Naser – representaría parcialmente en Egipto lo que Ataturk había significado en Turquía; aunque con una diferencia fundamental, estribada esencialmente en el hecho de que sus coroneles pertenecía a una generación política distinta y a un contexto histórico diferente. Nada más ni nada menos que al contexto de la recién brotada Guerra Fría: crisol de un nacionalismo nuevo, diferente de los nacionalismos europeos del Siglo XIX y de los nacionalismos fascistas del Siglo XX.

Distinta era también la dinámica internacional nacida del enfrentamiento entre las grandes potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética, ante las cuales subastaron los regímenes nacionalistas del Tercer Mundo sus adhesiones en el tablero de la política internacional, dinamizada con el juego de la Organización de Naciones Unidas. Todo sobre el hecho capital de que los espacios coloniales en África y Asia, de titularidad europea, fueron el escenario en el que las dos grandes potencias dirimieron sus diferencias en términos de poder. Una veces por vía política y diplomática y otras mediante las guerras habidas en la segunda mitad del Siglo XX.

En todo aquello jugaría un papel muy destacado el nacionalismo egipcio de Nasser, primordialmente a partir de la nacionalización del Canal de Suez, que tuvo una inmediata respuesta militar franco-británica e israelí, seguida de una no menos rápida respuesta norteamericana desde la presidencia del general Eisenhower, exigiendo la inmediata retirada de las posiciones tomadas por tales aliados en territorio egipcio.

De lo que hizo Nasser guardan los egipcios una memoria de independencia nacional cierta, ilustrada con el recuerdo de una libertad de movimientos internacionales. Así fue la apuesta por la interlocución privilegiada con Moscú como réplica a la negativa estadounidense a financiar la gigantesca presa de Assuán, y pese al inmenso favor norteamericano al consolidarle la nacionalización del Canal de Suez.

Hechos como éstos, y las tablas conseguidas con Israel por el presidente Anuar el Sadat en la Tercera Guerra árabe-israelí, y la subsiguiente paz con el recíproco reconocimiento internacional entre los dos Estados, están en la memoria colectiva de los egipcios como tiempos de independencia nacional no exentos de una prosperidad tan modesta como cierta; lo mismo que el recuerdo de que el presidente Sadat fue asesinado por los Hermanos Musulmanes.

El general Al Sisi tiene, desde el referéndum de ahora y el recuerdo colectivo de entonces, abierto el camino para una actualizada y depurada propuesta “naserista” a la mayoría egipcia.