La mostrenca dictadura venezolana

Por muchos que sean los rudimentos parlamentarios con que se adorna la pro comunista dictadura venezolana ésta no dejará de serlo. El progreso tontiloco y analfabeto del presidente Maduro en sus debelaciones de las libertades empresariales, centradas ahora contra quienes operan en el comercio de determinados bienes de consumo, le llevaba el pasado fin de semana a ordenar que fueran detenidos y procesados aquellos que “especulen” en su actividad y aquellos otros que, en el pasado inmediato y en la primera de las andanadas gubernativas en este sentido, fueron “obligados” a bajar los precios de sus productos y luego, haciendo caso omiso los hayan vuelto a subir.

Cabría decir que suena a sainete, si no fuera de tan dramáticas consecuencias para la economía y el bienestar de los venezolanos el contenido de las últimas manifestaciones presidenciales en este sentido, por chuscas e hilarantes. “Di instrucciones – ha dicho – para que, a partir de mañana, a quien se encuentre especulando o sea reincidente, sea detenido y procesado. Ya basta. El Gobierno continuará con el objetivo de bajar los precios en el comercio…”

Espectáculo político de estas características, que lleva a la irrisión de la opinión pública internacional, no sólo causa daños muy costosamente reparables a la nación venezolana sino al entero conjunto de los pueblos hispanoamericanos, toda vez que en muchos de éstos, por vía de los cuantiosos gastos en propaganda política, y por extraños vericuetos de complicidades ideológicas, generan dinámicas que son menos de simple apología que de coartada para que, dentro de la compartida comunión en el populismo, broten en algún Gobierno, como en el argentino de la viuda de Néstor Kirchner, prácticas similares de demagogia antiempresarial contra los comerciantes, para desviar sobre ellos los costes sociales de su fracaso en gestión económica que lleva a la inflación y toda suerte de ineficiencias, potenciadas al mismo tiempo por los enjuagues y trapicheos de la clase política instalada.

Es por ello que la Venezuela de ahora, en su avanzada deriva hacia la radicalidad socialcomunista del castrismo, quepa considerarla como la punta más alta dentro de la advertida deriva en el conjunto suramericano, algo que de otra parte no tiene nada que ver con el juego de las alternativas democráticas a la derecha y a la izquierda, como ha sido, por ejemplo, el caso de Chile con el regreso de la señora Bachelet a la jefatura del Estado. Pero los puntos de extravío hemisférico derivados del efecto catalizador del chavismo venezolano, con sus gastos inmensos de propaganda a lo largo de tres lustros, conforma un dato muy preocupante cuya gravedad no logra rebajar la chusca ejecutoria del presidente sindicalista pasado por los talleres ideológicos de La Habana, al que el difunto Hugo Chávez hizo legatario del rumbo de confusiones políticas y empobrecimiento económico de Venezuela. Traducido ahora por Nicolás Maduro a una cruzada contra la clase empresarial, cuya añadida responsabilidad estriba, según dice, en apoyar políticamente a las fuerzas democráticas de oposición al régimen.