Putin, frente a Jodorkovski, se envuelve en la Navidad

Aunque la Navidad Ortodoxa retrasa su liturgia, Vladimir Putin ajusta su estrategia de imagen al aplicar las indulgencias políticas en estos días. Incluye el presidente ruso desde las medidas de gracia concedidas a los militantes del ecologismo que actuaron contra las prospecciones de gas en los espacios árticos, a las irreverentes que exhibieron sus desnudeces mamarias en los altares de un templo moscovita. Lo hace también con su adversario histórico Mijaíl Jodorkovski.

El que fue magnate de los hidrocarburos rusos, uno de los llamados “siete oligarcas” que colaboraron con el presidente Boris Yeltsin para achatarrar lo que restaba del tinglado soviético y establecer el post-sovietismo. Yeltsin los premió con la opulencia desde el vodka en que flotaba. Ahora, también formato de indulto, le concede reducción de cinco meses en la pena de diez años de cárcel siberiana a que fue condenado por supuestos delitos fiscales y otras irregularidades, dentro todo de un proceso de indiscutible persecución política. Persecución que incluyó la probable ideación del atentado carcelario que sufrió Jodorkovski por parte de un compañero de celda. Ataque del que se pudo salvar, no se sabe bien si por facultades físicas o porque le protegió su “baraka”.

De aquella tómbola prodigiosa con la que Yeltsin retribuyó a sus colaboradores en el desmontaje del sistema y en el triunfo sobre los comunistas formó parte también el propio Vladimir Putin, formado en el KGB y, probablemente, instruido desde éste con la consigna de que recabase para sí, en el reparto del poder, la fracción correspondiente a la Política.

En todo caso, lo que vino a suceder después es que los “oligarcas” cayeron en la tentación política, especialmente a través de los medios de comunicación, adquiridos desde sus sobrevenidos y sobrados recursos dinerarios. Incumplieron así el pacto de “división/reparto de poderes”. Se aplicaron a zurrarle la badana al ex coronel del KGB. Algo previsible, de todo punto, como desenlace de tan atípico proceso constituyente del orden post-soviético.

Jodorkovski, con el propio presidente Putin, son los cabos sueltos de aquella historia de los oligarcas de la nueva Rusia. Los otros compañeros de aventura escaparon de la respuesta putiniana a su incumplimiento del pacto para el reparto, y algunos son magnates en el futbol europeo. Pero Jodorkovski, que multiplicó el montante de su lote en el mundo de los hidrocarburos, dejando de lado, al menos aparentemente la actividad política, se aplicó a la gestión de su imperio petrolero. Pero en disentimiento final con Putin, fue muy superior el peso del Estado y la reconversión del KGB en gigante estricto de Inteligencia nacional pilotada por Putin. Y así, una vez que el magnate volvía a su Rusia fue detenido al bajar del avión, juzgado, condenado a diez años de prisión y encarcelado en Siberia.

Nunca se avino Jodorkovski a pedirle el indulto a Putin, que ahora dice que le perdona los meses que le restan de condena, toda vez que por fin se lo pidió… ¿Cómo iba a pedirle el indulto ahora si por principio no se lo pidió nunca cuando hubiera tenido sentido no entrar, o salir inmediatamente de la mazmorra siberiana? Ni Putin ni sus abogados admiten haber solicitado esa gracia. Luego habrá que concluir que Putin no dice la verdad y que Jodorkovski se tragó la condena entera para defender la suya.