El plato de lentejas para Ucrania

Lo han firmado en Moscú Putin y Yanukovich: rebaja en más de un tercio el precio del gas ruso para Ucrania, que será el de 268,5 dólares por 1.000 metros cúbicos, y un crédito de 15.000 millones de dólares como pórtico para la reanudación plena de las relaciones comerciales entre ambas partes. La respuesta a la transacción se adelanta ya con la convocatoria de nuevas tandas de manifestaciones de protesta en Kiev, dentro de la misma plaza de siempre y a despecho de los chuzos en punta que caen sobre las multitudes en esta entrada del invierno.

La noticia del acuerdo ha llegado seguida y como respuesta a la precisión semántica de Bruselas sobre la declaración que había hecho la Unión Europea en el sentido de que suspendía el proceso de conversaciones en que se estaba para el acuerdo de Asociación con Ucrania. Pareció por el tono previamente usado que tal proceso se había roto, en términos diríase definitivo; pero no era así, y convenía precisarlo toda vez que el presidente ucranio, Yanukovich – que en la Cumbre de Vilna se había descolgado del proyecto de asociación con la Unión Europea – acababa de viajar nuevamente a la capital rusa.

Lo conseguido – por concedido diligentemente en Moscú – vuelve a poner las cosas exactamente en dónde quedaron con el plante del Gobierno de Kiev en Vilna durante la última Cumbre de la UE. Ante las manifestaciones habidas desde entonces en la capital del Estado, el Gobierno ha reaccionado con presteza, movilizando para el mismo escenario capitalino a las otras gentes del país; es decir, a los ucranios del Este y del nordeste del país, de lengua mayoritariamente rusa y de gravitación histórica claramente volcada hacia lo que fue todo por allí en los tiempos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Conglomerado histórico del que pretende ser un remedo el esquema final de la unión aduanera en la que se encuentran integradas varias repúblicas de la Europa oriental.

Ucrania aparece dividida regionalmente a la hora de apostar nacionalmente entre la Unión Europea o por el conjunto de ex repúblicas soviéticas que Putin comienza a pastorear. El acuerdo suscrito ayer con Yanukovich consolida una tensión nacional en Ucrania que, más allá de la fractura que denotan las actuales manifestaciones y contramanifestaciones cursantes en Kiev trae a la memoria y en cierto modo suscita y resucita los movimientos territoriales del pasado y sus consiguientes reajustes de fronteras.

Las “dos” Ucranias contienden ahora en la disputa sobre los dos proyectos supranacionales con los que respectivamente limitan. Hasta cierto punto cabe decir que es de “guante blanco” el pulso que mantienen respecto de Ucrania Bruselas y Moscú. Pero este pulso no acaba ahí ni se reduce sólo a Ucrania. Lo ilustran hechos tales como la presencia de dos senadores norteamericanos en Kiev dos días atrás y el hecho de que Rusia haya venido a desplegar, en inquietante sincronía con la contradanza ucraniana, misiles estratégicos en emplazamientos inmediatamente próximos a las fronteras de Polonia y Lituania. Lo del gas y el préstamo acordados en Moscú es tanto como un plato lentejas, pero también como un cohete misilístico contra la expansión de la UE hacia el Este.