La otra bomba nuclear norcoreana

Me refiero a las bombas nucleares en que se autentifica Corea del Norte como tiránica dictadura comunista. Y cuando digo “nucleares” me refiero a cuantas se refieren al corazón último de un artefacto, tanto da que bélico o político. Entendiendo por político cuanto concierne a hechos, palabras o conductas referidas a la organización social de una comunidad y su correspondiente Estado, y a las diferentes formas de ejercer el poder.

Hecha esta observación previa acaso se entienda mejor que me refiero al bombazo que ha sido, más allá de lo simplemente informativo, la detención súbita, el proceso sumarísimo, la condena a muerte y la inmediata ejecución de Jang Song Thaeg: segunda autoridad del régimen, tutor político del recién entronizado Kim Jong Un. Y además de ello, tío de éste, por estar casado con la hermana menor de su padre Kim Jong II, segundo eslabón de la dinastía.

La pregunta que de inmediato se plantea concierne a una cuestión de proporcionalidad. Si la revisión o proceso de ajuste en el seno del muy opaco sistema comunista que rige la vida colectiva al norte del Paralelo 38 en la península de Corea, comienza con la ejecución de la segunda autoridad del régimen, ¿a qué tipo de fin y desembocadura está signado el cambio? El orden de magnitud que define el principio de ajuste en el régimen de Pyongyang impone la presunción de que se trata del pórtico de un debate revolucionario de gran alcance.

Tanto de si trata o trataba, como ya se apunta, de un golpe de timón contra el férreo continuismo del sistema, desde su creación hasta la muerte de Kim Jong II y la entronización hasta el presente momento: de despegue del actual líder Kim Jong un. O, puede que sea, efectivamente, la respuesta sumaria del actual poder contra el recién ejecutado que aspiraba a imponer el cambio. Pero más allá de todo ello lo habido con el desplazamiento, condena y muerte de Jang Song Thaek es espectacular desenlace de un episodio de consecuencias todavía cumplidamente imprevisibles.

La incógnita pende como una espada sobre el inmediato futuro de la monarquía comunista y tiránica de Corea del Norte. Quizás simplificando en exceso y al referirnos a lo sucedido desde el entronizamiento de Kim Jong un hasta el fusilamiento de su tío político, el taimado Jang Song Thaek – incluido el nombramiento el pasado sábado de su viuda, hermana del sátrapa anterior y tía carnal de este su resolutivo sobrino, miembro de la Comisión Funeraria del Partido-; digo que quizás simplificando más de lo debido, en el empeño de explicar las cosas tras el estallido de la otra bomba coreana, quepa hablar de una colisión de modelos dentro del inagotable discurso de la escolástica marxista-leninista. Uno de los paradigmas colisionantes sería el maoísmo de la Revolución Cultural de los años Sesenta, y el otro el postmarxismo-leninismo de la China actual, que acaba de poner un artefacto en la Luna lo mismo que había puesto la dictadura del proletariado al servicio de un capitalismo sin freno ni marcha atrás para arrasar en el escenario de la economía global y redimir materialmente a las que fueron y todavía son depauperadas e inmensas mayorías chinas.

En esta colisión la víctima más notoria de todas sería Jan Song thaek, puesto que se ignora de momento la entera nómina de cuantos le han precedido o acompañado en el trance. Pero el tiempo de purga que parece haberse abierto podría, en las correspondientes proporciones demográficas, emularse numéricamente con la Revolución Cultural de Mao. La bomba de Jan Song ha sido un artefacto nuclear porque se ha producido en el núcleo mismo del régimen norcoreano.