Fricción geopolítica en el Mar de China

Parece haber empezado el baile en este Siglo del Pacífico. El pasado sábado, y a propósito de la titularidad soberana de unos islotes rocosos – algo así como alboranes, situados en el Mar de la China Oriental y controlados hasta ahora mismo por Japón, que las llama Senkaku y los chinos Diaoyu – el ministerio de Defensa del históricamente autodenominado Imperio del Centro hizo un comunicado a la redonda diciendo que “China está capacitada para realizar la vigilancia e imponer el control” sobre ese espacio, al que define como “área de identificación”.

Tal manifiesto hecho desde Pekín expresa la pretensión de que el tráfico aéreo sobre el micro-archipiélago debe cumplir la obligación de identificarse en el momento que los aviones lo sobrevuelen. Tres días después de la nota china dos bombarderos B-52 de Estados Unidos con base en la isla de Guam sobrevolaban tal espacio de sur a norte y de norte a sur sin el requerido preaviso ni con nada que lo supliera.

En el momento de redactar esta nota no se sabía que hubiera alguna reacción al respecto por parte del Gobierno de Pekín. Aunque sí se conoce que el Gobierno japonés, además de manifestar que no le informará de sus propios vuelos, ha cursado a sus compañías aéreas que suspendan los referidos avisos de sobrevuelo sobre dicho micro-territorio, cosa que hacían hasta el martes durante las horas transcurridas desde que el ministerio de Defensa chino circulara la referida nota.

Tiene su origen este problema en la compra del archipiélago por el Gobierno chino a un nacional suyo que lo tenía en su propiedad, acaso en previsión de que la supuesta presencia de hidrocarburos en su entorno desencadenara alguna danza de especulación que agitara las aguas y quebrase el estatus quo de esa zona, definido por el reconocimiento implícito chino-nipón de que el archipiélago no merecía una tensión entre Pekín y Tokio. Pero, en cualquier caso la disputa ha venido y, aparentemente, todos sabemos cómo ha sido, de la misma manera que se sabe que China tiene también disputas territoriales con Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunei y Taiwán. El caso de Brunei, emporio petrolero, hace algo más que dar una pista sobre la motivación de fondo de estas pretensiones chinas: los probables yacimientos de hidrocarburos. Algo que para el gigante chino es el más preciado y estratégico de los recursos naturales.

De todos los componentes trascendidos de este asunto parece más relevante aun el vuelo de los “B-52″ que las posiciones manifestadas desde Pekín, con el comunicado de su ministerio de Defensa arrogándose títulos de control sobre el espacio ocupado por los islotes y sus entornos de aguas soberanas, y que la forma en que el Gobierno de Tokio ha respondido, rechazando de plano dicha pretensión; parece más relevante, digo, la presteza con que el Gobierno norteamericano ha replicado asimismo al mensaje militar chino. Una réplica que, además de rauda, ha sido de naturaleza militar, instrumentada con el envío desde la base de Guam de los dos “B-52″, cuyo significado cabe interpretar menos como manifiesto de puntual arbitraje en la disputa chino-nipona, que como aviso de que el “Siglo del Pacífico” será un siglo americano, vertebrado desde atrás con la victoria sobre el ahora aliado japonés, en esa cuenca que hasta el siglo XIX atendía por el sobrenombre de “Lago Español”.