Arranca el tren iraní de Ginebra

El Oriente Express arranca por fin de Ginebra con destino Teherán. En la madrugada del domingo se alcanzaba el consenso para negociar un primer acuerdo de fondo entre los Seis (cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania) y el ministro de Asuntos Exteriores iraní, para negociar en plazo de medio año las condiciones que articulen el acuerdo destinado a establecer el pacto de garantías y seguridades con la República Islámica sobre el destino final del programa nuclear iraní. Que fue de naturaleza secreta hasta junio de 2002. El mosqueo internacional por la revelación, que sobrevino por denuncia de opositores en el exilio al régimen de los ayatolás, fue proporcional a la gravedad del hecho, puesto que Irán era firmante del Tratado contra la Proliferación de Armas Nucleares.

Abundaba en la gravedad del hecho la capital circunstancia de que desde 1979 no existían relaciones diplomáticas entre Teherán y Washington. En los últimos diez años el problema sobrevenido se ha ido agrandando por las represalias económicas y políticas, impulsadas primordialmente desde el núcleo angloamericano. Ha sido un proceso largo, de consecuencias ruinosas para los iraníes, sometidos a un bloqueo internacional de rango escalarmente más lesivo que el aplicado por Washington a la Cuba sojuzgada por el régimen comunista de los hermanos Castro. Con la diferencia cualitativa entre uno y otro de que los persas de ahora viven sobre un océano subterráneo de riqueza, por ser la cuarta potencia petrolera del mundo.

La llegada al poder en Irán del presidente Hasan Rohani, en junio pasado, ha supuesto un decisivo punto de inflexión dentro de la crisis nuclear que dura ya más de una década, y que al comienzo de este año alcanzaba cotas de crispación rayanas en el riesgo bélico, al haberlo cumplidamente sazonado la ejecutoria verbal de Mahmud Ahmadineyad, el anterior presidente iraní. Rohani dio el golpe de imagen durante la última sesión anual de la Asamblea General de la ONU. A tal punto que el presidente Obama, saltándose pautas y protocolos, le llamaba por teléfono cuando el presidente iraní se desplazaba al aeropuerto neoyorquino para regresar a Teherán. Pero, hablando en propiedad, las cosas han llegado a dónde están por iniciativa de Alí Jamenei, el llamado Líder Supremo de la Revolución, que previamente se había pronunciado sobre la eventual posibilidad de diálogo con Estados Unidos.

Durante el semestre de negociación material abierto ahora en los encuentros de Ginebra, se discutirán los asuntos nodales del problema. Será el primero el tema del techo de enriquecimiento de uranio, a congelar en el 20 por ciento, y junto a ello el control de los contingentes de uranio ya enriquecidos, como garantía contra toda tentación iraní hacia el camino de las AMD (Armas de Destrucción Masiva). El otro asunto en este orden de cuestiones críticas e innegociables, es el de parar las obras del reactor de agua pesada en Arak, y el acuerdo para establecer un régimen de supervisión más exhaustivo sobre el cumplimiento de lo pactado.

Es de recordar a este respecto que todo lo concerniente a la central de agua pesada en Arak, fue suscitado por Francia en el momento mismo en que comenzaron estas negociaciones de Ginebra; haciéndolo en términos prácticos de veto al proceso negociador rescatado “in extremis” por Hasan Rohani, cuando pocos menos que todo estaba a un paso de ataques militares contra la república islámica iraní. La iniciativa francesa sobre Arak, recuérdese, cayó como un jarro de agua fría sobre el primer contacto orgánico entre el consenso internacional sobre la cuestión. Parece entenderse mejor ahora la importancia básica de lo de Arak con el reactor de agua pesada, en cuanto que significaba y dejaba abierta la posibilidad de que aquello que se pudiera lograr con el control del enriquecimiento de uranio podría perderse por la vía alternativa desde Arak de las bombas de plutonio, conforme lo hace ya, una vez y otra, Corea del Norte.

Cabe especular con la hipótesis de que tal específico riesgo le fuera “soplado” por el Mosad israelí al servicio francés de Inteligencia, toda vez que el Mosad estaría al tanto de las prestaciones tecnológicas norcoreanas al respecto, hasta el punto de que asesinara en Teherán a un físico nuclear iraní, al detectarlo previamente en el aeropuerto de Damasco cuando regresaba a Irán desde la capital norcoreana. Unas prestaciones recibidas por Pyongyang desde la República Islámica por vía de un Banco de Macao, que el Gobierno norcoreano nunca pudo retirar porque estaba a su vez afectado por el embargo estadounidense de sus cuentas en el exterior.

Todo esto podría ser paisaje de un pasado internacional ya superado si a partir de seis meses, o quizá antes, se puede recoger la cosecha de lo que se acaba de sembrar en el consenso de Ginebra, como ruta ferroviaria del Oriente Express. Pero otras cosas del levante islámico – ahora por Egipto y con Turquía – reclaman la atención con urgencia.