Maduro el bolchevique

Dice el proverbio que el que avisa no es traidor. Vale si se avisa a tiempo, en su momento, antes de comenzar una tarea y de emprender un camino. No es el caso de este personaje que pasó en sucesivos saltos del oficio de conductor de autobuses a líder sindical, y desde ahí a dirigir la política exterior de un Gobierno de Hugo Chávez. Para de seguido ser ungido por la voluntad de éste para que le sucediera en la “conducción” de la llamada “revolución bolivariana”; luego, eso sí, de que luego de ungido fuera elegido, a la muerte de Chávez, en las urnas venezolanas del 14 de abril de este año.

Por más que la elección se hizo en los sabidos confusos términos de un pucherazo electoral, que se maquilló en el consenso hemisférico de Lima, donde se le dio el espaldarazo político suplidor de la legitimidad democrática venezolana. Un consenso inexplicable de no mediar el engrase con maletas de dólares que están en uno de los orígenes de la catastrófica situación económica en que se encuentra sumida Venezuela.

Añadida a la crónica del ascenso meteórico de Nicolás Maduro, la referencia a su paso por los “talleres” de bolchevismo que el régimen castrista tiene dispuestos en La Habana para la formación de cuadros revolucionarios conforme el patrón comunista, a lo largo de una continuidad de 50 años, se accede la orientación necesaria para entender que este personaje tire por el camino de en medio frente a la mayor crisis económica, social y política que se recuerda en Venezuela, y luego de lo practicado contra la libertad económica y la seguridad jurídica en el comercio interior al confiscar existencias en las tiendas y encarcelando a sus propietarios, en nombre de la “lucha contra la burguesía”, dice ahora, cuando en la fase subsiguiente del pucherazo electoral, con la invalidación de escaños, consigue la mayoría cualificada para que la Asamblea Nacional le confiera poderes especiales, absolutos, y pueda gobernar por decreto ley. Omnipotencia política para un año, gobernando por decreto. Pero ya veremos hasta dónde se alarga la cosa, puesto que una vez conseguido el poder absoluto, avisa, tal como digo, a los interesados de una y otra parte, y dice: “Lo que han visto es poco para lo que voy a hacer”.

La hipótesis de que lo sucedido para esta inversión institucional de la democracia venezolana, por muy provisional que se defina en principio, no sea otra cosa que el primer paso hacia un golpe de Estado, no en términos de unidad de acto sino a modo de un proceso acumulativo de restricción de libertades, de liquidación consecutiva de garantías. Es el cálculo y la interpretación a que se presta tanto lo dicho como lo practicado por Nicolás Maduro. Especialmente después de este paso al ejercicio del poder por decreto ley, con las instituciones democráticas de Venezuela enmudecidas, bloqueadas e intervenidas.

El que el Parlamento marioneta nacido de unas elecciones falseadas ceda aunque sea temporalmente poderes dictatoriales al presidente, es algo del todo congruente con la realidad de una dictadura. Una dictadura “antiburguesa”, de socialismo real. Bolchevique.