No está dicho todo en Chile

No estaba tan claro como muchos de las izquierdas chilenas creyeron, aunque no Michelle Bachelet, que no ha conseguido la victoria en la primera vuelta electoral, pese a conseguir ventaja tan abultada sobre Evelyn Matthei, la candidata de la derecha. Y no estaba todo tan claro porque votó menos del 50 por ciento del censo. Y más concretamente porque la propia Bachelet tenía reconocido y dicho que su propia alternativa, en cuanto modelo económico, incluía semejanzas sustanciales con el seguido por el Gobierno del presidente Piñera. De la misma idéntica y simétrica forma, éste llegó a decir en su momento que su proyecto político era inviable en la práctica si era conducido por un Gobierno de la derecha…

Ha sido la movilización de los estudiantes contra la política del presidente Piñera la única efectiva baza de oposición esgrimida contra éste. Los partidos a la izquierda del primer Gabinete chileno de la derecha liberal desde los tiempos del presidente Alesandri han sido únicamente un contrapunto menor, sin entidad de discurso, si se compara cuánto dijeron o dejaron de decir con el ruido formidable de las manifestaciones estudiantiles, reiteradas una y otra vez luego de que los ecologistas opuestos al gran proyecto hidrológico, emplazado en el sur del país, con el que se pretendía aportar la energía que Chile necesita para llevar a cabo su revolución industrial, y a la que no puede acceder porque carece de recursos naturales para ello, como los hidrocarburos, y al tener que soportar la gran sismicidad. Algo que cierra el paso a la energía nuclear.

Detrás de todo ello se ha podido entrever la presión regional del chavismo, que tiene en los hidrocarburos un instrumento de cohesión sistémica montada sobre los dispendios de la Venezuela de los últimos 15 años y, cuando no, la esgrima de las presiones de la Bolivia de Evo Morales para que Chile le revierta los territorios perdidos en su última guerra, al precio, quizá, de compensaciones energéticas… Tales han sido quizás los únicos naipes jugados, además, por las izquierdas hemisféricas contra el modelo económico del presidente Piñera.

Lo de las manifestaciones estudiantiles dentro del propio Chile ha sido tanto como el remate y el catalizador del clima político adverso contra el Gobierno/testigo de que la transición política, en la república andina, a la democracia se había producido efectivamente, tras haber regresado al poder el partido político representante de un derecha desaparecida de la escena después de que la aventura democristiana (de izquierda) abriera el paso a la revolución social-comunista de Salvador Allende y ésta trajera sobre sí, en el más crispado compás hemisférico de la Guerra Fría, el Golpe de Estado del general Pinochet. Y su dictadura para la reconversión económica y la represión política. Un régimen militar que al cabo cedió el poder a la clase política de centro-izquierda, para el dilatado periodo de la Concertación, teóricamente cerrado por el presidente Piñera, cuyo partido no ha conseguido revalidarse en el poder.

Si Bachelet gana en la urnas del 15 de diciembre, posiblemente consiga sacar adelante el proyecto económico y político que los estudiantes bloquearon en la calle.