Venezuela, en los efectos colaterales del cambio iraní

Si las cosas son como parece y se consolida la formidable brecha formal abierta en el muro político que separaba, con hermetismo insuperado, a Irán de Estados Unidos, los efectos colaterales que ello habrá de producir serán directamente proporcionales a la nueva situación en que, de ahora en adelante, habrán de instalarse las relaciones entre Washington y Teherán. Aquellos que articularon sus posiciones, actitudes y matices, en términos de polarización, con lo que era entonces aquel estatus internacional – specialmente desde el lado de los persas, diplomáticamente descalificados de modo muy específico cuando afloró la realidad de que el régimen de los ayatolás enriquecía a contrarreloj el uranio -, como fue el régimen venezolano del chavismo, tendrán que buscar otros escabeles para encararse a la primera potencia mundial.

Tampoco habrán de servirles de mucha virtualidad alternativa, en sus tensiones críticas con la primera potencia mundial, las sintonías logradas por el chavismo con rusos y con chinos, por más que tanto éstos como aquellos estén sacando rendimientos de mucho margen en sus relaciones económicas con Venezuela. Los rusos, vendiéndoles armamento obsoleto y sin alternativa de otros mercados, y los chinos comprándoles en cómodos plazos, bajo la fórmula de créditos de alta remuneración, la instalación propia en los enormes activos petrolíferos de Venezuela.

Esta pérdida de apoyo iraní al régimen de Caracas en que forzosamente se ha de traducir la normalización política iniciada entre Washington y Teherán, llega en un momento crítico para lo político y para lo económico en este inicio de la presidencia de Nicolás Maduro, caracterizado menos por su manifiesta torpeza gestora en ambos apartados que por la imparable descomposición del control interno del sistema mismo, abriéndose como lo ha hecho ya, la dinámica de las rivalidades y la progresiva polarización en torno a Cuba de los desacuerdos internos del sistema.

Enormemente expresivo de tal estado de cosas en este sentido ha sido la denuncia, desde el ala nacionalista venezolana, de los inasumibles niveles de control que el castrocomunismo cubano ejerce sobre parámetros capitales de la soberanía nacional, tales como la penetración de los servicios de inteligencia de Cuba en la estructura militar del país o el control mismo del poder venezolano a la hora de perpetuarse por vía de consultas electorales amañadas.

Las declaraciones de Héctor Pérez Marcano, antiguo guerrillero venezolano, recogidas en las páginas de El País, insisten en señalar algo que estaba entre lo sabido y lo sospechado sobre los manejos castristas en el llamado “Socialismo del Siglo XXI”. Afirma Pérez Marcano que controlan el servicio de identificación nacional venezolano al estar vinculados con el Registro Electoral. Presenta éste un número de altas desacorde con el crecimiento vegetativo de la población. El desfase, sostenido a lo largo de una larga década, se ha traducido en un soporte de varios millones de electores virtuales al que acudir para la compensación electrónica de las desventajas en las urnas del régimen frente a la oposición. De tal manera, dice la referida fuente, “los cubanos son los artífices del fraude electoral en Venezuela”. Sin embargo, no son suficientes al parecer estos medios electrónicos, como ocurrió en las elecciones presidenciales del 14 de abril, recurridas por la Oposición, que denunció en su momento el hallazgo en un bosque de cientos de urnas llenas de sus correspondientes papeletas …

Mientras no es previsible esperar que Hassan Rohani, el nuevo presidente iraní se disponga a visitar La Habana, como solía hacerlo su antecesor Mahmud Ahmadineyad a la ida o a la vuelta de sus visitas a Caracas, por la misma regla de tres no es de prever tampoco que se llegue hasta Venezuela para ratificar las fraternas sintonías iraníes de antaño con el chavismo como caballo de Troya del castrismo y el antiamericanismo.

Pero será la catastrófica situación económica y social de Venezuela lo que impulse el cambio político en el país, no el efecto colateral del cambio iraní. Se dice que en unos días el Alto Militar se reúne con el Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional,

para formalizar un pacto de transición, con la renuncia de Nicolás Maduro por la cuestión de su nacionalidad ( se dice que nació en Colombia) y la propuesta de un presidente puente que convoque nuevas elecciones.