USA-Irán: Enigma y esperanza

La Asamblea General de la ONU enmarca la pregunta de si las cosas entre Estados Unidos e Irán siguen como en los últimos tiempos o si dan pie a un desbloqueo de la tensión y el hielo que han presidido sus relaciones por causa del programa nuclear iraní. Antes aun de que ayer el presidente Obama tendiera la mano a Irán para acabar con el problema nuclear, había indicios significativos de un posible cambio, impulsado por dos sucesos de significativa magnitud: la declaración del Líder Supremo de la Revolución, Jamenei el21 de julio pasado, en la que no descartaba el diálogo con el Gobierno norteamericano y el acuerdo alcanzado en Ginebra entre John Kerry y Serguei Lavrov sobre la identificación y la entrega para su destrucción del arsenal sirio de armas químicas. Acuerdo cuya entera virtualidad no se alcanzó todavía por la resistencia rusa a la sanción automática contra el régimen de Damasco, en caso de que mediara algún incumplimiento en los términos del acuerdo.

Hay un sólido compás de expectativa y esperanza de que el progreso a la solución siga adelante por el concurso de varios factores. La aparente falta de precipitación en los pasos que se han dado hasta ahora desde la constancia del sentido, propicio, en el que han evolucionado las cosas dentro de la guerra civil que padece Siria a lo largo de dos años. Corresponde tal evolución principalmente a la evidencia de que el terrorismo yihadista se encuentra empotrado entre las fuerzas rebeldes y, al respecto, el dato de que el yihadismo es enemigo común tanto de Washington como de Moscú. Junto al propio hecho de que éste se encuentra incurso en algo más que la sospecha de responsabilidad por el uso que se hizo de las armas químicas en el frente de Damasco.

Al propio tiempo, la fuerza libanesa de Hezbolá, sostenida y municionada por el chiísmo gobernante en la República Islámica de Irán, viene teniendo un peso decisorio en el curso de la guerra, habiéndose centrado primordialmente, a lo que parece, en combatir a las dichas franquicias de Al Qaeda que combaten en Siria para instalarse de algún modo en lo que serían las estructuras de poder resultantes de la guerra civil siria, de ser allí vencido el régimen de los Asad de la misma manera que fueron vencidas en Libia las fuerzas del coronel Gadafi. En todo esto ha hecho méritos muy significativos de la República Islámica de Irán.

El dato de que desde Teherán se analizara correctamente la marcha de los acontecimientos sirios, sumada a la circunstancia de que en el poder de allí le haya llegado el turno a los moderados del presidente Rohani, estaría detrás, una y otra cosa, de la referida “apertura” de Jamenei, el Líder Supremo de la Revolución, al inicio formal de contactos con Washington. Tanto más si desde el Gobierno ruso, antes y después de la Cumbre de los 20 en San Petersburgo, se emitían ondas favorables sobre Teherán para el deshielo político con Washington.

Los contactos comenzaban ahora en Nueva York, con motivo de la Asamblea General de la ONU, en el encuentro ministerial este jueves del Secretario de Estado Kerry con su homólogo iraní, y después, conforme se espera, del presidente Obama y el presidente Rohani.

Perece que en la sede de la ONU toma asiento la esperanza.