¿Se aprieta también Holanda el cinturón?

Si las urnas bávaras acaban de subrayar con el sabido énfasis el poder del CSU, el más próximo pariente de que dispone el CDU de Angela Merkel en el Bundestag de Alemania, mientras las consultas demoscópicas para la entera nación reflejan, a un tiro de piedra para las elecciones federales, un empate crítico con el SPD, dato que empuja a la pregunta de si el Gobierno próximo dependerá de una suerte de arbitraje de los Verdes, arrimándose a uno u otro de los dos grandes partidos, o si éstos sopesarán como en otras ocasiones sus sintonías de base y convendrán que la salida mejor no sería otra que volver a la fórmula de la Gran Coalición.

Aunque acaso la novedad quizá más notable entre las producidas en la Unión Europea como rastro de la crisis económica que aparentemente se va, no se encuentre en Alemania, para la política y la ideología, sino en su vecina Holanda, donde la apertura del año parlamentario – con el primer discurso de Guillermo Alejandro, el nuevo rey de los holandeses – llega tocada por los costes de que lo que ha sido allí esa crisis con sus tribulaciones del Euro. Esta otra coalición gobernante en Holanda, formada por liberales y socialdemócratas, está en el espíritu y en la letra de la pirueta doctrinal resuelta con la etiqueta de “sociedad participativa”, propia -dice el soberano misacantano – del Siglo XXI en el que estamos.

Como no podía ser de otra manera, nada tiene que ver este membrete holandés para la centuria vigésimo primera, con la misma referencia secular aplicada por el chavismo venezolano a eso de su “Socialismo del Siglo XXI”: en puridad, castro-comunismo cubano. Pero lo de la “sociedad participativa”, definida y resumida con el lema de que “donde el que puede debe ser responsable de su propia vida” es propuesta como razón moral – diríase que suficiente – para echar las paladas de tierra que faltan en el entierro del Estado de Bienestar. Pensado por el sindicalismo británico a primeros del Siglo XX y exportado luego, con otras mercancías parejas, a la Europa de esa misma centuria para templar los rigores del sistema capitalista de producción. Aunque es asimismo obligado recordar que del mismo Reino Unido saliera el vasto discurso de Lord Acton sobre la libertad, que le llevó entre otras consideraciones sobre la misma, en el contexto del entonces recién creado Estado de Bienestar, el riesgo de que el hombre, al sentirse asegurado desde la cuna a la tumba, extraviara el sentido de la responsabilidad, y con ello su libertad misma y el nivel moral de la sociedad.

En el discurso que los liberales holandeses del Gobierno de centro-izquierda le han preparado al rey Guillermo Alejandro, podían haber añadido alguna nota sobre la genética liberal y católica de ese pensamiento y de esa idea de responsabilidad individual, inherente a toda “sociedad participativa”. Que no es cosa de ahora mismo ni diamante arrastrado hasta el presente por las aguas revueltas de la crisis.

Pero, en fin, resulta a lo que se ve y escucha sobre el Estado de Bienestar, que la muy rica y a veces prepotente Holanda se aprieta también el cinturón.